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sábado, 16 de septiembre de 2017

México necesita traidores

México necesita traidores...
que amen más al país que a su partido,
más a su país que a su jefe,
más a su país que a su empleo.

México necesita traidores,
que denuncien a ese jefe que se queda con la mitad de su sueldo,
o con todo su sueldo y los manda a la calle a extorsionar comerciantes,
a espantar conductores, a levantar vendedoras de pan,
para ganar dinero.

México necesita traidores,
que sepan que tener un empleo no es un favor;
es un derecho que se gana con esfuerzo,
con aptitud y competencia.

México necesita traidores,
que no tengan miedo de perder el trabajo,
ni de ser acusados de problemáticos y traicioneros,
por negarse a contratar a esa empresa que cobra el doble
y tarda el triple de tiempo para entregar la obra,
los materiales y los bienes.

México necesita traidores,
que acepten la denuncia de ese traidor que puede demostrar
que su compañero vende plazas de trabajo o las renta,
que exige a los policías una parte del dinero que les obliga a extraer de las personas,
que recibe una comisión de ese grupo que vende droga,
que secuestra personas, que roba autos, que extorsiona negocios,
o los protege porque son de su familia.

México necesita traidores que reciban esas denuncias y las investiguen.
Que no las desechen o sobresean;
que las lleven  las últimas consecuencias,
a sabiendas que el costo será alto:
pues perderán el empleo, y nadie los volverá a contratar, por traidores,
o tal vez los hagan ver morir a toda su familia...

México necesita traidores,
que aprueben las leyes para combatir la corrupción,
para vigilar a los jueces y castigar a los culpables,
para defender a los inocentes,
para que los trabajadores sean protegidos,
para que los médicos cobren por sanar, los maestros por enseñar y los policías por vigilar.

México necesita traidores,
que aprueben reglas que no convienen a los partidos,
que ponen a los gobernantes bajo vigilancia,
que sometan a los bancos a las mismas leyes que a las demás empresas,
que no acepten dinero para su próxima campaña,
ni lo pidan, ni quieran hacer campaña...

México necesita traidores,
que piensen en las familias de todos además de la suya,
que prefieran ser útiles antes que importantes,
que tengan moral antes que vanidad.

México necesita traidores,
que no obedezcan a un jefe, ni a una jearquía, ni a un imperativo histórico,
ni al "pueblo", el devenir, la lucha de clases, la corrección política,
la presión social, ni la codicia.

México necesita traidores,
que traicionen a la infancia abstracta a la que se le enseña luchando,
sino en la infancia concreta, que no conseguirá un empleo si no sabe leer.
Que traicionen a ese pueblo abstracto y esa raza de bronce,
para favorecer a ese pueblo concreto,
al que le roban la cartera en el metro y la esperanza en la quincena.
Que traicionen a esas leyes sagradas, llenas de derechos inalcanzables,
para favorecer leyes concretas, que defiendan, que protejan, que vigilen.

México necesita traidores,
que traicionen a su propia familia,
para que su propia familia pueda vivir segura;
que traicionen a su partido, para que su partido sea expurgado;
que traicionen a sus colegas, para que sus colegas puedan vivir sin miedo.

México necesita traidores,
que deseen morir en el desprecio y la miseria.
Por denunciar, por detener, por no colaborar.
Traidores que crean que el mal es la ausencia de bien;
que los crímenes tienen víctimas aunque no podamos verlas,
que somos las víctimas de nuestras propias omisiones,
nuestras colaboraciones, nuestros secretos, nuestras complicidades;
nuestras extorsiones, nuestros silencios, nuestro miedo a morir, a perderlo todo;
todo por nada. Porque alguien más aceptará el encargo, alguien más dirá que sí;
alguien más guardará silencio. Alguien que sí quiera cobrar, alimentar a sus hijos,
y comprarles una casa.

México necesita traidores,
que se sacrifiquen por nada.
pero sin traidores:
los inocentes seguirán muriendo;
las cárceles se llenarán de "presuntos culpables",
las calles de sicarios, asesinos y depredadores,
las oficinas de farsantes y vanidosos,
el gasto público de agujeros;
las calles de desesperanza.

México necesita traidores, que pregunten:
¿Por qué en México la  gente gana en un día, lo que en cualquier otra país se gana en una hora?
¿Por qué las cosas cuestan lo mismo que en cualquier otro país aunque se gane menos?
¿Por qué un gobernante mexicano gana lo que un funcionario de otro país gana en una semana.

México necesita traidores,
que cuestionen, que duden, que investiguen, que observen.
Que reconozcan los éxitos  del gobierno, y denuncien sus fracasos.
México no necesita incondicionales, ni cómplices, ni gente de confianza.
Necesita personas convencidas de que el bien y el mal no son relativos;
ni dependen de la ambición, la conveniencia, la ideología y la moda.

México necesita traidores.
Muchos traidores,
para no morir.












jueves, 16 de marzo de 2017

El Femicidio ...y la impuidad

¿Qué es un femicidio? 

Un femicidio es la muerte de una mujer que previamente fue amenazada, agredida y hostigada, ante la indiferencia y/o complicidad de las autoridades que debieron protegerla. Cuando una mujer ha recibido violencia física por parte de su familia o pareja; cuando ha sido hostigada por una persona, o presionada de manera constante para hacer algo contra su voluntad, y esa mujer acudió a la policía, o un juzgado cívico para poner una denuncia, pero las autoridades no la protegieron, o no dieron seguimiento a su caso, y finalmente esa mujer murió como resultado de la violencia que acudió a denunciar, ahí se ha cometido un femicidio. 

El responsable directo del femicidio es el agresor. Pero la autoridad negligente también es penalmente responsable, según el artículo 325 del Código Penal de la República Mexicana. 
Sin embargo, en los medios se habla de cientos o miles de femicidios y se reclama a los gobiernos estatales por no activar la "alerta de género". No falta la comunicadora que habla del "miedo que le da salir a la calle"; del "clima de persecución contra las mujeres", de que "en México a las mujeres se les mata únicamente por ser mujeres". 

Vamos por partes: 

Es falso que haya un clima de vioencia contra la mujer. El clima de violencia es lo único equitativo y democrático en este país: afecta y hace daño a todos, sin distinción de género o clase social. 

En los últimos diez años (2006-2016) han hasta 70 mil personas han sido asesinadas y el gobierno reconoce que 7 de cada 10 fueron víctimas del crimen organizado. Aproximadamente  una de cada diez víctimas es mujer. 

No pretendo minimizar el dato: cada día seis o siete mujeres son asesinadas en este país. Hay países en donde un asesinato es noticia; aquí la noticia sería que haya menos de sesenta o setenta asesinatos diarios. 

Organizacones feministas como Data4, y los medios de comunicación toman cada asesinato de mujer como un femicidio. No les falta razón, cuando advierten que casi la mitad muertes violentas de mujeres ocurren en casa; sin embargo, no distinguen entre violencia de pareja y asaltos, secuestros o violaciones. Ahí hay un sesgo. 


Como resultado del sesgo, parece que todas las muertes violentas de mujeres son resultado de la misoginia. "se le mató por ser mujer"; "en México nos matan sólo por ser mujeres"; "nos queremos vivas"; "siento miedo de salir a la calle", se scucha en los medios. 

Hacen parecer que en México se está orquestando un genocidio contra las mujeres. Que grupos de encapuchados bailan en la noche alrededor de una hoguera y luego salen a cazar mujeres. Que hay hombres apostados en las azoteas, armados con rifles y miras telescópicas, listos a disparar a cualquier mujer que se atreva a salir de la cocina. 

Hay una buena intención en todo esto: se trata de crear conciencia de que la violencia de pareja es un problema social grave, que genera lesiones y hasta la muerte de cientos de mujeres. Correcto, pero por algo se dice que el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones. 

Lo que se está generando es un clima de histeria, en el que parece que los mexicanos somos unos salvajes que disparamos a una mujer en cuanto la vemos sola en la calle. Parece que las mujeres tienen que ir a la escuela o al trabajo escondidas, o acompañadas de un varon (su padre o su esposo, supongo) para no ser agredidas. Pero esta no es la consecuencia más grave...


La consecuencia más grave, es que al calificar toda muerte violenta de una mujer como "femicidio" crean las condiciones perfectas para que el crimen y el criminal queden impunes. Explico: 
Las autoridades tienen la obligación de esclarecer cualquier crimen. Cuarquier muerte violenta, sin distinguir si fue de hombre o mujer. Pero en el caso de que sea una mujer, y esta mujer haya solicitado la protección de las autoridades antes de morir de forma violenta, las autoridades se hacen responsables por no haberla protegido. Es lo que dice el  Artículo 325 del Código penal federal. 

Pero cuando se dice que hay una ola de femicidios y se presiona a los gobiernos estatales para activar "alertas de género", el asesinato individual se desdibuja: quien mata a una mujer ya no es una persona con nombre y apellido, sino "la sociedad", "la cultura machista", "el sistema patriarcal", "la sociedad falocentrista"... o sea, todos. Cuando todos somos culpables ninguno lo es. O el culpable el el gobierno que no activó la "Alerta de género". 

En esa lógica (la ola de femicidios) ya no es necesario investigar cada muerte de manera individual: asaltos con violencia, secuestros, atropellamientos, robo de auto, allanamientos, violaciones, porque todos se consideran femicidios. Todo femicidio se considera, según los medios, un "crimen de odio", y según los mismos medios es parte de una cacería humana destinada a exterminar masivamente a las mujeres, por emanciparse. No hay que investigar: "le dispararon a esa mujer porque la odiaban" (por ser mujer), no le dispararon porque la familia no pudo pagar el rescate por el secuestro, ni para robarle su bolso, o para quitarle su automóvil; fue por ser mujer.  

Atrapados en esta narrativa, ahora tampoco es necesario saber si la asesinada mujer fue víctima de amenazas u hostigamiento; si acudió a la autoridad y los policías o los funcionarios ministeriales la ignoraron o se burlaron de ella; si esos policías están en colusión con los ladrones, si protegen al secuestrador o sencillamente son ineptos. El Código Penal ordena investigar si en la muerte violenta de una mujer hay alguna responsabilidad o complicidad por parte de las autoridades, pero como todos son femicidios, las autoridades quedan libres de responsabilidad, porque la culpa es del patriarcado opresor. 

Feministas y autoridades unidos por la impunidad. 





Esto, es lo que dice el Código Penal federal sobre el femicidio:

Título Decimonoveno

Delitos contra la vida y la integridad corporal

Capítulo V. Feminicidio

(Reformado [N. de E. adicionado], D.O.F. 14 de junio de 2012)

Artículo 325. Comete el delito de feminicidio quien prive de la vida a una mujer por razones de género.
Se considera que existen razones de género cuando concurra alguna de las siguientes
circunstancias:

I. La víctima presente signos de violencia sexual de cualquier tipo;

II. A la víctima se le hayan infligido lesiones o mutilaciones infamantes o degradantes, previas o posteriores a la privación de la vida o actos de necrofilia;

III. Existan antecedentes o datos de cualquier tipo de violencia en el ámbito familiar, laboral o escolar, del sujeto activo en contra de la víctima;

IV. Haya existido entre el activo y la víctima una relación sentimental, afectiva o de confianza;

V. Existan datos que establezcan que hubo amenazas relacionadas con el hecho delictuoso, acoso o lesiones del sujeto activo en contra de la víctima;

VI. La víctima haya sido incomunicada, cualquiera que sea el tiempo previo a la privación de la vida;
El cuerpo de la víctima sea expuesto o exhibido en un lugar público.

A quien cometa el delito de feminicidio se le impondrán de cuarenta a sesenta años de prisión y de quinientos a mil días multa.

Además de las sanciones descritas en el presente artículo, el sujeto activo perderá todos los derechos con relación a la víctima, incluidos los de carácter sucesorio.

En caso de que no se acredite el feminicidio, se aplicarán las reglas del homicidio. 

Agravantes:

Al servidor público que retarde o entorpezca maliciosamente o por negligencia la procuración o administración de justicia se le impondrá pena de prisión de tres a ocho años y de quinientos a
mil quinientos días multa, además será destituido e inhabilitado de tres a diez años para desempeñar otro empleo, cargo o comisión públicos.



viernes, 17 de abril de 2015

Retratos de familia 1. Las campañas

Cada tres años, los candidatos a diputados aparecen con sus hijos en actos públicos en los que  prometen que impulsarán la educación, combatirán corrupción y vigilarán las manos del presidente. Cada seis años, los candidatos a presidente recorren el país acompañados por la esposa en turno, mientras prometen que pondrán al Congreso a trabajar, despedirán a los funcionarios ociosos y harán que todo cambie. 

Los estrategas de campaña saben que la mente de los electores está cansada de promesas vanas, pero también saben que el corazón no se cansa y por eso atacan a través de las emociones. Las emociones no mueven, pero conmueven y los retratos de familia emocionan. 

Los retratos de familia pueden humanizar a cualquier candidato. Por eso los políticos se venden como hombres y mujeres de familia

"Me llamo Nepoticio Hurtado, soy padre de tres hijos y Doctor en Derecho..."

"Mi nombre es Hurtencia de la Garza García-Corcuera Reyes-Reynoso, soy madre de ocho hermosos hijos y empresaria..."

"Soy Prepotencio Gordínez, padre de 6 hijos, sindicalista de toda la vida y amante de la cumbia..."

"Me llamo Zoila Quederrochará, soy jefa de familia, feminista y orgullosa tamaulipeca (o mexiquense, o veracruzana)..."

A continuación, el candidato en turno asegura que que como padre o madre de familia tiene una gran preocupación por el futuro de sus hijos, la calidad de la educación y la seguridad en las calles además de vivir con el terror de que de que sus hijos no puedan encontrar un buen empleo, o caigan en las garras de las drogas (¿Por que "las drogas" siempre tienen garras y nunca tentáculos, aletas o pezuñas?). 

Sin embargo, elección tras elección, quienes buscan el voto llegan al poder y se preocupan más por aumentar el presupuesto familiar, mientras repiten cargos públicos entre parientes y votan iniciativas que tienen que ver con cualquier cosa, menos el bienestar de las familias. ¿No decían que estaban muy preocupados por la educación, la seguridad y la salud de sus hijos? 


La explicación es sencilla. En realidad sí estaban preocupados por la educación, la salud y la seguridad de SUS hijos, no por la educación, la salud y la seguridad de los tuyos. 


Los candidatos saben que el ciudadano prefiere votar por quien comparte sus valores y preocupaciones o, más fácil, aparenta compartirlos. Los candidatos simplemente explotan esa característica: hacen creer al votante promedio que pueden confiar en ellos por que son personas comunes, sencillas y de fiar. Personalmente, he conocido muchos políticos de fiar, pero ninguno es persona común. para empezar, es muy difícil que una persona común tenga los contactos familiares, profesionales y económicos que interesan a los dirigentes partidistas, atraen a los grandes patrocinadores e impresionan a las revistas de corazón. 

Por eso una vez que ganan la elección, se cambian a una casa más grande, compran un auto más grande (o más blindado que el anterior), cambian a los hijos a una escuela más cara y si les gusta la política se aseguran de que queden bien colocados (como candidatos claro) Juniorcracia, le llaman. 

Curiosamente, no es raro que la gente dedicada a la política se divorcie y cambie a la esposa por un modelo más reciente. Al parecer, les importa tanto la familia que tienen varias. Y una vez que deben pagar pensión alimenticia a la primera familia necesitan mayores ingresos para mantener a la segunda. Además, a las revistas de corazón les encantan las fotos con bebés. 


Después de todo, la mayoría de los mexicanos son gente de familia. Incluso a los bancos les duele que las familias mexicanas se apoyen tanto. Los valores familiares son tan firmes y poderosos en este país, que, en realidad, la mayoría de las personas que se decidan a la política realmente son personas de familia, parejas fieles y hasta personas honradas. 

Así que el problema no es que sean gente de familia, eso es una virtud. El problema tampoco es que tengan once hijos o tres esposas. El problema es que usan esas bellas fotos de familia, con el discurso de los padres responsables y la "gente normal" para engañar a los electores. 

Pues una cosa es que a los candidatos les importe su familia y otra que les importe tu familia. Si les importaran las demás familias, además de la propia, las cosas empezarían a cambiar.


viernes, 9 de mayo de 2014

Hay que aprender Historia

Casi nadie conoce la historia de su país. Menos la historia de la humanidad o la de la Tierra. Pero a todos nos gustan las historias. Los relatos épicos, desde el Cantar de Mío Cid hasta Canción de Hielo y Fuego, nos inspiran, nos aterran, nos emocionan, nos enseñan los más altos valores y nos previenen ante la debilidad humana.

Nos encanta leer o ver en el cine cómo un huérfano se convierte en líder de una gran ejército: El pastor David, el despojado Robin Hood,  el desterrado Ivanhoe, el traicionado Corsario negro, la valerosa Juana de Arco, el  humilde Harry Potter.

Nos emocionan las historias de valor, de fidelidad y persistencia, no importa si el protagonista se llama Job, Noé, el rey Leónidas, el Rey Arturo, Ricardo Corazón de León, Cristobal Colón,  James Bond e Indiana Jones. Admiramos el ingenio de Salomón, Ulises, César, Napoleón, Mc Arthur, Sherlock, House...

Nos apasionan los romances de Dafnis y Cloe, Cleopatra y Marco Antonio, Tristán e Isolda, Ruy Díaz y Doña Jimena, Romeo y Julieta, Elizabeth Bennet y Fitzwilliam Darcy, Scarlett O'Hara y Rhet Butler.

Sería tan sencillo, divertido y eficaz enseñar así la historia. Como la gran aventura que es y no como la inútil lista de nombres y fechas, que se presentan aislados, sin contexto ni sentido. Que la gente no aprenda historia es un problema mayor. Somos como Lucy Whitmore, de 50 first Dates, condenada a repetir una y otra vez el mismo día de su vida hasta que Henry se atreve a cambiar esa interminable repetición. Una sociedad o una nación no conoce su historia es como una persona sin memoria.

No aprovechamos las enseñanzas de la historia, nos dejamos engañar por todo tipo de falsos caudillos y salvadores. Creemos que las guerras civiles funcionan, que la violencia es el motor de la historia, que todo ha sido siempre igual de malo y así seguirá. Necesitamos aprender historia, aprovecharla.

Memorizar algunas fechas para olvidarlas después del día del examen, aprenderse unos cuantos nombres de héroes y villanos sin entender por qué se les considera héroes y villanos o repetir alguna frase de propaganda oficial como si fuera un hecho o una realidad histórica son las maneras más eficaces de desperdiciar el tiempo de los niños, aburrirlos y hacerles odiar la escuela, sin enseñarles historia.

La historia oficial está llena de engaños y maniqueísmos. Pero sobre todo, de vacíos, de fechas y nombres que se presentan sin sentido. Estoy seguro que la historia se puede enseñar de otra manera. De una manera provechosa, veraz y emocionante.

Para no ir demasiado lejos, comencemos por el movimiento de independencia. La celebramos el 16 de septiembre, con una ceremonia que comienza con el primer minuto del día (igual el Año Nuevo), sin embargo el 17 de septiembre de 1810 y los once años que siguieron el territorio que hoy se llama México siguió llamándose Nueva España y estuvo gobernado por virreyes, miembros de la Real Audiencia, corregidores, intendentes y cabilderos. Se nos cuenta que Hidalgo fue fusilado en 1811, Morelos en 1812 y luego sigue una oscura sucesión de nombres hasta Iturbide y Victoria. Los libros de educación básica mencionan de pasada a Juan de O'Donojú, pero no se molestan en explicar cuál fue su aportación a la independencia mexicana, por eso a muy pocos les suena el nombre.

 Por cierto: ¿Cuántas personas saben que el Acta de Independencia se firmó el 28 de septiembre de 1821? Cuántas personas saben por qué el desfile conmemorativo es el 16 y no el 28 de septiembre?

A propósito, si España perdió la guerra de independencia contra México ¿Por qué nadie conmemora esa gloriosa batalla? ¿Acaso no hubo batalla? ¿Será que los villanos Iturbide y O'Donojú pactaron la fundación de México con un poco heroico (según los cánones de la SEP) apretón de manos?

Tal vez sería muy provechoso para la identidad nacional saber que la fundación de la nación mexicana no fue un acto sangriento (aunque los marxistas veneren ese mantra de que "la violencia es la partera de la historia"). México se fundó con un acto de cordura, de sentido común y de caballerosidad en el que dos enemigos eligieron ser aliados, acabaron con una guerra y fundaron un país. Don Juan de O'Donojú y Agustín de Iturbide, a quienes la historia oficial coloca en la vitrina de los villanos fueron también padres de la patria.

Pero esas son minucias. Hidalgo y Morelos con sus actos e ideas (liberales, por cierto) tienen méritos suficientes para ser considerados padres de la patria.  La enseñanza de la historia como una larga lista de fechas y nombres sin contexto ni sentido genera problemas mayores.

Por ejemplo, he tenido que aclarar en más de una ocasión que Miguel Hidalgo y Costilla no era médico ni tenía relación de parentesco con Don Quijote (el ingenioso hidalgo).

Es fácil confundirse para quienes fueron sometidos a la memorización de un par de fechas y hechos: que Hidalgo era el "cura de dolores" y cabalgó desde San Miguel en plena noche para atender "el grito de dolores" (serían dolores de parto? En serio, hay gente que se sorprende cuando descubre que Dolores (Congregación de nuestra Señora de los Dolores) es la ciudad en donde Miguel Hidalgo ejercía como párroco (cura).

También he tenido que aclarar en más de una ocasión que José María Morelos y Pavón no es una lista de personas  (José, María, Morelos y Pavón) lo cual se comprende al ver que se escribe sin comas pero ¿Quién en este país sabe usar las comas?

Algo parecido ocurre con Miguél Miramón y Tomás Mejía. Cualquiera que lea el pie de imagen en las monografías de papelería que dicen "Fusilamiento de Maximiliano, Miramón y Mejía") puede suponer que era una sola persona con el apellido compuesto. De cualquier manera muy poca gente fuera de Querétaro sabe quiénes fueron fusilados en el cerro de las Campanas.

 De José María Morelos y Pavón lo que se dice en la enseñanza básica es que también era cura y generalísimo (tal vez era altísimo, listísimo, fortísimo y valientísimo) y que era el "Siervo de la Nación". Sólo cuando uno crece y lee la historia de la asamblea constituyente de Apatzingán logra entender lo que eso significa.

Lo que enseñan después es que en los primeros años de vida independiente los presidentes no duraban mucho tiempo, pero si se llamaban Antonio López de Santa Anna podían regresar a Palacio Nacional cuantas veces quisieran (la mayoría escribe Santana e imagina que es antepasado del músico). De Santa Anna tampoco enseñan gran cosa, salvo que puso impuestos sobre puertas y ventanas, que "vendió" la mitad del territorio nacional y que tenía una pata de palo. En las escuelas llaman "venta" a perder una guerra,  de ahí a llamar "venta" a perder una elección sólo es una forma de prolongar el autoengaño.

Ah, así como no explican que México perdió esa guerra (aunque se conmemora cada 13 de septiembre el día de la derrota, pero no se le da ese nombre) tampoco nos cuentan que el rencor hacia los Estados Unidos fue un ingrediente importante en los conflictos políticos de los años que siguieron. En esos años ocurrieron dos guerras civiles que la mayoría desconoce: la revolución de Ayutla y la guerra de Reforma.

De todos estos años lo que logran retener los más afortunados es que se relacionan con la Constitución de 1857 aunque la respuesta más frecuente (en caso de recordar algo) será que la guerra de Reforma terminó con la Constitución (en realidad comenzó con ella). También se nos enseña que México se dividía entre liberales (los buenos, antes de ser "neo" y unirse al lado oscuro) y conservadores (los malos). Del Tratado McLane Ocampo no se habla.

La historia como la enseñan en la escuela es injusta hasta con sus personajes más venerados. Hacen parecer que el gran mérito de Benito Juárez fue llegar de pastor de ovejas en Oaxaca a Presidente de la República y pasan por alto su trayectoria como profesor, rector de la universidad oaxaqueña, ministro de la suprema corte, ideólogo liberal, creador de leyes y fundador de instituciones.

Los profesores más jacobinos a lo más que llegan es a ensalzar su anticlericalismo, aunque probablemente ignoran su formación de seminarista y su asistencia a misa dominical en compañía de Doña Margarita. Los más decididos enseñan que desamortizó los bienes del clero, aunque no enseñan y probablemente no saben que significa "desamortización" ni se molestan en explicar la palabra "benemérito".

Una explicación breve: el título de "benemérito de las Américas le fue dado a Juárez por el gobierno de colonia luego de expulsar a los franceses en 1867. ¿Pero cómo, si la Batalla de Puebla fue en 1862?

Más allá de las fechas y nombres obligatorios: Batalla de Puebla el 5 de Mayo de 1862, ganada por los mexicano bajo el mando del general Ignacio Zaragoza, no queda claro si la la intervención francesa y la guerra de los pasteles son dos nombres diferentes para la misma guerra, ni si la guerra de los pasteles era un musical o un acto de circo.

La superficial enseñanza oficial nos deja con la idea de que en ella ocurrió la victoria definitiva para los mexicanos... pero no. En realidad fue una significativa victoria previa a una gran derrota seguida por una larga resistencia. La verdadera guerra entre México y Francia se prolongó por cinco años más, mientras dos gobiernos se disputaban el país; por un lado el liberal Benito Juárez y por el otro el también liberal Maximiliano de Habsburgo, a quien poca maldad se le puede atribuir fuera de ser rubio, extranjero y barbón en un país de lampiños.

Con acierto se señala que Juárez recorría el territorio nacional manteniendo con vida un precario pero indoblegable gobierno republicano. Se omite mencionar los compromisos que hizo con EEUU (el país que pocos años antes se llevó la Alta California y Nuevo México como botín de guerra) para obtener apoyo y financiamiento.

Pero si Juárez andaba ocupado reuniendo tropas, dinero y armas para recuperar el territorio nacional ¿Quiénes luchaban en los campos de batalla? Ignacio Zaragoza, el héroe de Puebla no pudo, porque murió de tifus cuatro meses después de que las armas mexicanas de cubrieran de gloria. Los poco conocidos héroes de la intervención francesa incluyen a los generales Miguel Negrete, Felipe Berriozábal y Francisco Lamadrid, todos ellos borrados de la lista de "los buenos" porque más tarde fueron funcionarios en el gobierno del mayor héroe militar de la resistencia y victoria contra los franceses: el general Porfirio Díaz

Supongo que a la SEP le parece difícil explicar que el villanísimo Don Porfirio fue un juarista, patriota y héroe nacional, aunque eso ayudaría a comprender por qué lo reeligieron tantas veces (No, no fue fraude, fue voluntad popular, igual que todas las veces que Juárez fue reelecto).

Hay que regresar a Juárez, a quien se le recuerda por lo anecdótico mientras se olvida el valor de sus ideas, su esfuerzo y su legado. "Benito Juárez fue un indígena zapoteco que nació el 21 de marzo de 1806 en San Pablo Guelatao Oaxaca. De origen humilde, se crió con su tío quien se empleaba como pastor de ovejas hasta que perdió una y tuvo que huir a la ciudad de Oaxaca en donde estudio leyes. Se unió al partido liberal y se hizo presidente. Venció a Maximiliano. Dijo "el respeto al derecho ajeno es la paz" y el es Benemérito de las Américas.

¿Qué significa "el respeto al derecho ajeno es la paz"? Debemos admitir que el sentido de la frase está lejos del alcance del ciudadano promedio. A Kant le tomó un párrafo explicar la misma idea y a Constant una página entera; no se entiende sin precisar antes qué es el derecho ajeno, en qué consiste su respeto y a qué paz se refiere.

Cuando era niño (yo) intentaba entender su significado y al no hallarlo (no había Internet) imaginaba que la frase era importante porque Juárez la  había dicho en algún momento importante, tal vez ante la Asamblea General dela ONU. Cuando supe que en tiempos de Juárez todavía no existía la ONU pensé que a lo mejor la había pronunciado a propósito de una sentencia como ministro de la Corte, o la usó para seducir a Margarita y se hizo famosa después de que la primera dama la contaba en todas las tertulias...

La duda persistió por años y cuando cursé la universidad imaginaba que  un lunes muy temprano, el presidente despertó llenó de inspiración y fervor patriótico, abrió el balcón de su recámara y ante los madrugadores que colocaban los primeros puestos de frutas, gelatinas y tamales en el Zócalo exclamó inspirado "caray, que bonito día, no cabe duda que el respeto al derecho ajeno es la paz... caray, qué buena frase, que tome nota el señor Secretario. Margarita, te encargo un champurrado con dos tamalitos oaxaqueños".

Pero una escena tan doméstica no podría haber llevado esa frase a la inmortalidad, sin duda Juárez la habría pronunciado en un momento históricamente relevante. Así que imaginé a Juárez asistir en una neblinosa madrugada, bajo una capa que ocultaba su identidad a los curiosos, a la helada prisión en la que estaba preso Maximiliano esperando su sentencia. El presidente de la recobrada república sería conducido a la celda del príncipe, quien se pone de pie, mira  a los ojos al su enemigo y le dice algo como "no pediré clemencia para mí, pero sí para mis soldados, que sólo cumplieron órdenes", a lo que Juárez responde, sus soldados son de México, pero los generales ya comparecen ante la justicia. Sólo he venido a recordarle que entre los individuos como entre las naciones el respeto al derecho ajeno es la paz". Quedaría perfecta con la interpretación de Luis Felipe Tovar en el papel de Maximiliano y Diego Luna interpretando a Juárez, Martha Higareda en el papel de Margarita Maza y Michelle Vieth como la mítica Carlota.

Así es la verdadera historia: un gran relato lleno de acción, intriga, romance, peligro y actos inspiradores.

Miguel Hidalgo enseñando a los indígenas a cultivar la seda y la miel, Morelos rechazando el título de "generalísimo" mientras solicita que se le llame simplemente "servidor de la patria"; Allende y O'Donojú al frente de sus respectivos ejércitos, tiran sus armas al suelo y caminan hasta hallarse a suficiente distancia para decir: "¿Seguimos ordenando a nuestros soldados que se masacren unos a otros o arreglamos esto como gente civilizada?"; Juárez avanzando lentamente, con mérito y esfuerzo en su carrera académica y política, Juárez recorriendo el país en un carruaje polvoriento, rodeado de enemigos, lleno de fe en una república que parece condenada a fracasar; Maximiliano sorprendiendo a todos con sus proyectos de inversión, sus leyes liberales, su respeto a los enemigos; Porfirio Díaz organizando la resistencia, ganando pequeñas batallas, sobreviviendo, reuniendo un ejército y poniéndolo a disposición de Juárez. Un viejo Don Porfirio que decide quitarse de enmedio para que México recupere la paz. Luego, décadas de intrigas y traiciones, saqueos y vandalismo entre pandillas armadas que se matan entre sí hasta que el más inteligente entre todos ellos pregunta de nuevo:  "¿Seguimos ordenando a nuestros soldados que se masacren unos a otros o arreglamos esto como gente civilizada?".

Arreglar las cosas como gente civilizada no es una traición, sino una virtud. Es tiempo de enseñarlo.