viernes, 25 de enero de 2013

El perro del mes: Rip, el héroe de Londres

El 7 de septiembre de 1940 la fuerza aérea alemana ( Luftwaffe) comenzó un bombardeo sostenido sobre la ciudad de Londres que duró hasta el 16 de mayo de 1941. Aquella operación, llamada "Blitz" (relámpago) por los dirigentes nazis, acabó con más de 43 mil vidas y destruyó una gran cantidad de viviendas y edificios públicos, pero los londinenses resistieron y se convirtieron en un ejemplo de valor para todas las fuerzas aliadas. 

Tras uno de estos bombardeos, E. King, de la brigada de Prevención Antiaérea encontró un perro en las ruinas de una casa recién destruida en el barrio de Poplar y lo adoptó como mascota. A pesar de no tener entrenamiento, el perro llamado Rip comenzó a localizar personas atrapadas entre los escombros de diversas viviendas. Se convirtió así en el primer perro de búsqueda y rescate y su desempeño animó al gobierno a entrenar a otros perros con el mismo propósito. 

Entre 1940 y 1941 Rip ayudó a salvar la vida de más de cien personas atrapadas por las casas derruidas durante los bombardeos nazis. Al terminar la guerra le fue otorgada la Cruz de la Victoria y en 1945 recibió la  Medalla Dickin. Al morir en octubre de 1946 fue el primer perro sepultado en el Cementerio Animal de Ilford, destinado a los animales condecorados o reconocidos por sus acciones de heroísmo militar y hazañas civiles de valentía. 

miércoles, 23 de enero de 2013

10 argumentos para arruinarle la vida a un niño





1. Pobrecito, no tenemos tiempo para él.

Para compensar ese sentimiento de culpa le compraremos todo lo que pida, le dejaremos hacer berrinches, al cabo que solamente los soportaremos un ratito y lo malcriaremos.

El resultado es que tendrá una imagen ambigua de la autoridad, dividida en un padre bonachón que lo consiente y solapa y otro malvado que le hace ir a la escuela y cumplir deberes; o unos padres que lo malcrían y unos maestros que deben soportar las consecuencias de esa mala crianza.

2. Pobrecito, siempre está solo

Por lo tanto, interpretaremos cualquier señal de que es egoísta, agresivo o grosero como una respuesta al abandono y soledad en que lo tenemos.

Así que los padres tratan de obligarlos a tener amigos, o les escogen amigos que no les gustan, o tratan de obligar a otros niños a que sean sus amigos a pesar de que no los soporten por berrinchudos, violentos y mentirosos.

3. Pobrecito, va a la escuela toda la mañana-

De manera que no le pediremos que ayude con los quehaceres de la casa, ni recoja lo que tira... es más, que no haga la tarea, es injusto que se le exija tanto.

De manera que sus padres y hermanas se convertirán en los esclavos del pequeño tirano... o súbditos de la princesa.

4. Pobrecito, sus dos padres trabajan.

Y en nuestra imaginación los padres y sobre todo la madre, deberían estar todo el día cumpliéndole sus caprichos; de manera que no permitiremos que le llamen la atención a un niño que lo que necesita es, precisamente, atención.

5. Pobrecito, le dejan mucha tarea

Que descanse, vea caricaturas y haga lo que le da la gana, es demasiado pequeño para esforzarse.

Es más, es insólito que a los seis años aprenda a leer mientras que el padre, apenas logra entender la correspondencia. ese niño es un genio, atosiguemos a los amigos con sus fotos y hazañas, convenzámonos de que es un portento, el futuro de la humanidad... es un niño índigo, un niño cristal, un niño diamante...

6. Pobrecito, no tiene papá

Así que en nuestra imaginación vive triste, marginado y preguntando "mamá, porqué los otros niños tienen papá y yo no?"

Vamos a convencer a la mamá, esa pobre fracasada, que no logró retener al padre, de que por lo menos le busque otro. ¿Cómo va a crecer ese niño sin padre? Se va a hacer marica o algo peor. No, no dejes que esa mujer lo regañe, ni le ponga a hacer tarea, con razón la abandonaron. Pobre niño, vamos a darle mucho amor (que se haga un tirano) para compensar esa deficiencia.

7. Pobrecito, no tiene hermanos

Y se aburre, y vive en la depresión y su vida es tan triste...

Así que vamos a convencer a sus padres para que tengan al menos la parejita, con lo bonito que es tener muchos hermanos y vivir en una casa grande y llena de ruido. No es que el niño sea grosero, o que no tenga modales, es que necesita un hermanito.

8. Pobrecito, necesita tener más seguridad

Así que le diremos lo bueno, guapo y listo que es, hasta que se lo crea y se convierta en el ser más antipático del mundo.

Y vamos a convencer al mundo de lo chulo que es, con las fotos en facebook en el escritorio y vamos a llevarlo a todas partes y a llenarlo de premios y a convencerlo de que par a él este mundo es poca cosa, y todos los demás son unos feos y unos prietos y unos enanos.... o unos güeros desabridos, unos engreídos y unos larguiruchos... lo que sea, pero que vea lo perfecto que es.

9. Pobrecito, es tan frágil e indefenso

Así que lo sobre-protegeremos y verá como ponemos en su lugar a cualquiera que intente ponerle un poco de disciplina, de enseñarle respeto, higiene, orden...

Así que verá como regañamos a cualquiera que se queje por lo que rompe, tira y ensucia; que no se quejen porque les pega, ni que les doliera, si es tan pequeño... y si grita es porque necesita expresarse, no vamos a permitir que reprima sus sentimientos...

10. Pobrecito, vive en un mundo tan difícil

Así que lo prepararemos y lo haremos ganar todos esos premios y medallas que a nosotros nos gustaría tener.

Y le fastidiaremos la infancia, pues no tendrá amigos, bicicleta, ni perro, ni tiempo libre y será un tipo bastante desagradable y engreído, pero diremos que la gente le tiene envidia por hablar inglés tan bonito, tocar seis instrumentos, saber todas las oraciones y las letanías, saber pintura, karate, golf y macramé.

El problema es que un niño al que se deja crecer sin hábitos, al que no le le enseña a ser amble, cortés y disciplinado, difícilmente será un adulto autosuficiente. El mundo está lleno de inútiles que fueron niños sobreprotegidos y de insoportables que padecen los resultados de una mala educación.


martes, 22 de enero de 2013

Libros para jóvenes

¿Cómo hacer que a un niño comience a interesarle al lectura? ¿Cómo pueden fomentar en sus hijos la lectura los padres que no leen? ¿Cómo convencerlos de que lean? ¿Que libros recomendar a estos hijos de padres no lectores? ¿Por dónde comenzar?

La lectura es una actividad edificante, que entretiene e informa al mismo tiempo que ayuda a desarrollar la memoria, el sentido crítico y probablemente también el sentido estético.  Sin embargo, esperar que la lectura sola haga hijos más sabios, inteligentes, intelectuales o mejor preparados es rebajar los libros a la categoría de producto milagro

Ayudará mucho entender que la lectura tiene un lado sumamente práctico: los libros pueden ser una niñera más eficaz que la televisión. Para que los niños estén quietos en casa se necesita un televisor con conexión eléctrica y probablemente un aparato de blue ray o DVD, receptor satelital o de cable, quizá un tazón con palomitas y un par de refrescos. Además, en la televisión bombardean constantemente a los niños con ideas de lo que deben pedir a los padres para estar in, esto es, para ser aceptados socialmente o al menos tratar de serlo. En la televisión les dicen: pide a tus padres estos zapatos, esta camiseta y este teléfono que cuestan el doble, duran la mitad y pasan de moda en la cuarta parte del tiempo que las cosas que no necesitan anunciarse. Mala inversión.

Si es necesario esperar en la fila de los autobuses, la sala de espera del aeropuerto o hacer un largo viaje, puede recurrirse a un videojuego, que consume baterías, electricidad y requiere la compra de unos audífonos y varios títulos... o se pueden llevar algunos libros, que no consumen, no hacen ruido y no representan un gran descalabro si se pierde o se rompe alguno. Hasta baratos son. Lo mismo vale para viajes en auto, tardes de lluvia sin electricidad o prolongadas visitas a la casa de parientes aburridos. Los libros son un escape sencillo, discreto y fácil de llevar. 

Ahora bien ¿Con cuáles libros comenzar? 

Aquí es necesario separar los libros para niños de los libros para jóvenes. Los jóvenes o los adultos pueden leer un buen libro (o mirar una buena película) para niños y obtener así entretenimiento de calidad. Pero a los niños puede no interesarles un tema para jóvenes o adultos, además de que el lenguaje y la extensión pueden ser inadecuados. 

Para los niños hay un par de buenas colecciones: la de Anaya y el Barco de Vapor, ambas clasificadas por edad e integradas por cuentos y relatos de buenos escritores.  Depende de la edad, pero en general los temas están bien revisados, son historias atractivas, aventuras sencillas y algunos dilemas morales sencillos, para comenzar a formar en valores. 

Ahí entran los libros de Janosch, escritor polaco que narra las aventuras de un oso y un tigre que son amigos. Los de Angela Sommer-Bodenburg, que cuenta la historia de unos niños que se hacen amigos de un vampiro. Los de Roal Dahl, que trata a los niños como seres pensantes e inteligentes, se hace su cómplice y les cuenta historias en donde los niños (y las niñas) salvan al mundo, protegen a sus padres y aprenden a ser valientes y responsables. Los libros de Sepmté les harán reír sin duda, pero también les harán ver lo que cuesta ser padres y a lo mejor despertarán en ellos algo de empatía. 

Alrededor de los diez o doce años pueden ya leer a Eva Ibbotson, quien cuenta historias de terror y magia en donde los monstruos son vencidos con honestidad, perseverancia y trabajo en equipo. También es la edad ideal para engancharse con J.K.Rowling y un Harry Potter mucho más divertido y complejo que el de las películas. En los libros la magia es el boleto y lo importante es el viaje: Harry, Ron y Hermione aprenden a trabajar juntos, a tolerarse y a comprometerse mientras desarrollan personalidades únicas. Harry tiene problemas para manejar su ego, Ron tiene fobia social y Hermione carece de habilidades sociales; pero Harry es valiente, Ron es intuitivo y Hermione es perseverante. Los héroes necesitan a sus amigos para superar sus debilidades y hasta los malos tienen alguna virtud: Dumbledore es manipulador y vanidoso, el terrible Snape esconde una ternura inmensa y Draco se ve envuelto en el dilema entre hacer lo que es correcto y lo que se espera de él. 

Ese también es un excelente momento para leer la saga de Lemony Snickett "una serie de eventos desafortunados" ideal para comenzar el desarrollo de una sensibilidad más refinada, compleja y profunda. 

Alrededor de los trece o quince  hay edad suficiente para captar el complejo mensaje de Suzanne Collins en Los Juegos del Hambre. Ahí se reflexiona sobre el precio de la comodidad, la ilusión de la seguridad personal, el individualismo, la solidaridad, la honradez y la vanidad. Es un buen momento también para conocer la obra de Darren Shan a través de los libros del Aprendiz de Vampiro. 

También es una etapa propicia para conocer algunos clásicos: la Isla del Tesoro de Robert Louis Stevenson, por ejemplo, en donde hallarán a Long John Silver, cuya personalidad es tan impactante y divertida como la del mismísimo Jack Sparrow. 

Un par de años más y se está en condiciones de leer a Mary Shelley (Frankestein), a J.R. Tolkien (El Hobbit y Señor de los Anillos), a Bram Stocker (Drácula), a Jane Austen (orgullo y Prejuicio) y a Anne Rice (Crónicas vampíricas).

Historias de elfos y jinetes, magos y guerreros, vampiros, científicos dementes, aristócratas, campesinos y trotamundos; pero sobre todo tramas complejas, intrigas, frases intensas, palabras sutiles y un sinfín de matices y recovecos que no sólo harán de los jóvenes mejores lectores sino también, personas de ingenio más desarrollado. Este será el momento para leer a Cornelia Funke (Mundo de Tinta), Christopher Paolini (Eragon), Edgar Allan Poe (crímenes de la Calle Morgue), Herman Melville (Moby Dick), Arthur Conan Doyle (Sherlock Holmes)...  incluso a H.PLovecraft (mitos de Ctuluh) y disfrutarlos como como aventuras inmersivas y verdaderos espectáculos mentales. 

Si sobreviven a la prueba anterior, alrededor de la veintena de años será propicio entrar en temas complejos, que incluyen la política, la historia, los vicios y las virtudes humanas. No se trata ya de desarrollar habilidades lectoras o un lenguaje más rico, sino de comenzar a en la reflexión de lo humano, lo divino, lo real y lo ideal. Qué tal un poco de Gabriel García Márquez... por ejemplo, Relato de un Naúfrago o El coronel no tiene quién le escriba. O los cuentos de Julio Cortázar... si el apetito lector es voraz, es el momento perfecto para Rayuela. Para los valientes la mejor recomendación es Pedro Páramo de Juan Rulfo o Aura de Carlos Fuentes.

Para los amentes de la fantasía Cornelia Funke (Mundo de Tinta) y Peter S. Beagle (el último Unicornio) han escrito páginas insuperables e inolvidables, mientras que quienes se interesen en la ficción hallarán a sus mejores cómplices en Isaac Asimov (Yo Robot) y William Gibson (Neuromante). 

Dilemas morales más complejos, para formar el carácter, se hallarán en las obras de Dashiel Hammet (El halcón Maltés) y Mario Puzo (El Padrino). La sensibilidad se agudizará al máximo con el genial Boris Vian (El lobo Hombre), aunque muchos quizá terminen con los pelos de punta. Pero lo mismo ocurrirá con quien se aventure en los libros de Alexandre Dumas (Los tres Mosqueteros), Emile Zolá (Naná), Sam Savage (Firmin) o Arturo Pérez-Reverte y su valiente, pero atormentado Capitán Alatriste. Sin embargo,  hablamos ya de jóvenes adultos, en la veintena de años, quienes pueden leer a Umberto Eco (El péndulo de Foucault) y disfrutar sus laberínticas intrigas, viajar y asombrarse con el retro-futurismo de Neal Stephenson (Criptonomicón), reir y pensar (todo de la manera más intensa) con Douglas Adams (Guía del autoestopista Galáctico). 

Todos y cada uno de estos autores y los libros que he mencionado pueden ser leídos y gozados a cualquier edad. Los padres primerizos en la lectura se engancharán con Las brujas, el Increíble señor Fox, o los Cuentos en Verso para niños perversos de Roal Dahl. Harry Potter o Lemony Snicket's darán tema de conversación en la mesa familiar. Cortázar ayudará a los muchachos para acercarse a las chicas, mientras que Anne Rice o Jane Austen pondrán a las muchachas en guardia, pero sin histeria. 

Los padres deberán decidir si los libros de vampiros, así sean para niños, son adecuados para sus hijos y la única manera de saber sin prejuicios estúpidos, es leer esos libros. Con un poco de suerte, ellos también descubrirán la lectura, o al menos averigurán por ellos mismo qué es lo que sus hijos leen. 

Nosferatu no liga y lee crepúsculoLos jóvenes tendrán respeto para los padres que conozcan los dilemas de Bella y Eduard es necesaria, también puede ser apreciada y hasta agradecida alguna observación acerca de la astucia de  Katniss Everdeen (Juegos del Hambre), el valor de Eragon (Eragon) o la confianza de Lengua de Brujo (Mundo de tinta).

Por cierto, lo mismo vale para los videojuegos y las películas. No se trata solamente de mirar títulos y carátulas. ¿Es Super Mario Galaxy un buen videojuego o simple entretenimeinto vano? ¿Y si Wii Party nos regala horas inolvidables de entrenetimiento familiar? ¿Es sano o insano que jueguen Need for Speed? ¿Call of Duty enseña historia y moral o solo entretiene? ¿Que hay de Resident Evil? ¿Tienen los padres una remota idea de las imágenes que sus hijos hallaran en God of War? ¿Saben que la saga de Zelda está repleta de rompecabezas, acertijos y retos a la habilidad, la inteligencia y la paciencia? 

¿Acompañarán a sus hijos o los dejarán hacer esos viajes en solitario? Ahí hay monstruos, piratas, ángeles y genios. ¿Que valores elegirán los jóvenes?

¿Así? ¿O lo quieren más claro? 
Atte: Lestat - Damned Souls




lunes, 21 de enero de 2013

Algunas pequeñas cosas

Desde niños se nos enseña a despreciar las cosas pequeñas. Si vemos un insecto debemos pisarlo, si vemos un ratón hay que ponerle veneno.  Se nos enseña también a detestar lo sencillo y reprobar lo humilde. No te acerques al campesino porque está sucio, no juegues con sus hijos porque te pegarán los piojos. Aléjate del peón y su familia, quién sabe que mañas tengan. Al perro callejero arrójale una piedra porque tiene pulgas, roña, sarna y cosas peores. Gasta una fortuna en un perro de raza, aunque a los seis meses ya no quepa en tu casa y lo lleves al centro de adopción o lo abandones en la carretera.

Se desprecia el trabajo  y se anhela, como nunca antes, el dinero fácil.  No se trata de que los niños aspiren a ser mecánicos, carpinteros o alfareros; lo común es que piensen en ser policías o cazadores de vampiros antes que plomeros o enterradores. Ni hablemos del arte, porque se nos inculca que un artista es un tipete que canta con playback en algún programa dominical, de ahí que crecemos ignorando que  verdadero artista hace esculturas, novelas, arte decorativo, arquitectura o hotrods. El problema es que profesiones tan productivas y provechosas, pero complejas como médico, ingeniero o físico no prometen dinero fácil.

HummerPero con esta educación, los héroes de la juventud y de la nación no pueden ser aquéllos que hacen  algo bueno por el mundo. A nadie parece importarle que las aulas diseñadas por Pedro Ramírez Vázquez hayan servido para enseñar a leer y contar a niños de todo el mundo, que Mario Molina haya ganado un premio Nobel por sus estudios sobre el calentamiento global o que René Drucker sea mundialmente reconocido por sus estudios de las células cerebrales,  o que Juan Manuel Lozano Gallegos haya inventado el combustible de cohetes que utiliza la NASA.

Se enseña (y se nos enseñó) que un héroe no es que que descubre un nuevo remedio contra el cáncer  sino el que mete un gol, se liga a una modelo o pasea en un Ferrari.  Cuando el talento deportivo no alcanza o se carece de apostura física el crimen organizado es una opción para alcanzar todo lo que uno desea tener: la Hummer, la casa con alberca olímpica aunque uno no sepa nadar, la "novia" venezolana o tapatía  aunque viva secuestrada, el zoológico privado, el Rolex de oro y todo aquello que brille y sea de verdadero mal gusto.

El siguiente, e inevitable paso, es adoptar la doble moral y sentirnos orgullosísimos por  eso. Veneramos al tigre y al elefante, pero permitimos que se extingan los peces, las aves, los reptiles y todos los bichos que hacen posible su existencia. Defendemos al indígena y su milenaria cultura, pero no permitimos que se te acerque, porque está prieto, feo, tiene las manos rasposas y la ropa toda mugrosa. Regateamos al vendedor de la calle pero aceptamos sin queja los precios más altos de las multinacionales. Vemos cómo se premia al deportista, cómo la estrella del reality hace la colecta de caridad y cómo se gasta la mitad ( o más) del dinero para asistencia social en la burocracia encargada de repartir esos recursos y sus lujos.

Nos olvidamos así del valor de las pequeñas acciones: respetar la vida de una araña puede librarnos de una plaga de ciempiés, pero es más cómodo (¿en serio?) comprar un insecticida y cargar de aun vez con las abejas y las lombrices. Envenenamos a la rata, pero no dejamos de tirar porquerías pro las coladeras (¿quien más podría mantenerlas limpias, el municipio?). Veneramos la ostentación mientras nos escandaliza que los políticos gasten en remodelar sus oficinas. Despreciamos la movilizaciones de trabajadores y nos olvidamos que todos somos asalariados y su lucha tarde o temprano puede ser la nuestra. Estamos pendientes de los nacimientos, la infancia y desarrollo de los hijos de la realeza mientras desconocemos lo que sucede en el orfanato más cercano. Votamos por el partido que propone la pena de muerte cuando sería más efectivo apoyar al candidato que propone mejorar el alumbrado público. 

Mucha violencia nace de la admiración por la ostentación, Muchas injusticias podrían evitarse con sólo morar más hacia el enfrente y menos hacia arriba. Muchos problemas podrían empezar a ser resueltos con pequeñas acciones, antes de requerir grandes presupuestos. 


Para comenzar, podríamos empezar a valorarnos más por lo que somos y menos por lo que no tenemos. Podríamos aprender a ser más justos. Podríamos empezar a tener una sociedad menos violenta, calles más seguras. Una vida mejor. Como en los finales felices de las películas.