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sábado, 18 de marzo de 2017

El Peligro de negar la ciencia, por Michael Specter




"Hace unos 12 años, se publicó una historía, una historia horrible, que ligaba la epidemia de autismo a recibir la vacuna contra el sarampión, la rubéola y las paperas. Muy aterrador. Montones de estudios se hicieron para ver si esto era verdad. Montones de estudios debían hacerse, es un asunto serio. Los resultados llegaron. Los resultados llegaron desde Estados Unidos, Inglaterra, desde Suecia, desde Canadá, y todo era lo mismo, ninguna correlación, ninguna conexión, nada. 
Eso no importa. No importaporque creemos en las anécdotas, creemos en lo que vemos, en lo que pensamos que vemos, en lo que nos hace sentir reales. No creemos en un montón de documentos de un oficial del gobierno dándonos información, y entiendo eso, creo que todos entendemos. Pero saben qué? El resultado de ello ha sido desastroso, desastroso por este hecho: Los Estados Unidos es uno de los pocos países en el mundo en el que la tasa de vacunación contra el sarampión está bajando. Esto es lamentable, y deberíamos estar avergonzados de nosotros mismos. Es horrible. Qué clase de cosa pasó para que pudiéramos hacer eso".
(...)
"Ahora, la epidemia más absurda en la que estamos metidos es esta batalla absurda entre los que proponen alimentos modificados genéticamente y la élite orgánica. Es un debate idiota. Tiene que terminar. Es un debate sobre palabras, sobre metáforas. Es ideología, no es ciencia.
Cada cosa que comemos, cada grano de arroz, cada espiga de perejil, cada col de Bruselas, ha sido modificado por el hombre. Saben, no había mandarinas en el Jardín del Edén. No había ningún melón. No había árboles de Navidad. Lo hicimos todo. 
Lo hicimos en los últimos 11.000 años. Y algunas cosas funcionaron y otras no. Nos deshicimos de lo que no funcionó. Ahora podemos hacerlo de manera más precisa. Y hay riesgos, absolutamente. Pero podemos poner un poco de vitamina A en el arroz, y eso puede ayudar a millones de personas, millones de personas, a prolongar sus vidas. No quieren hacer eso? Debo decir, no lo entiendo".

miércoles, 11 de noviembre de 2015

La Matrix

El egoísmo es la Matrix... la Matrix eres TU.
¿Te atreves a buscar la libertad?

miércoles, 15 de abril de 2015

Los irreductibles

Los irreductibles

Los irreductibles callan.
El dogma es el silencio más fino,
el más tembloroso, el más insoportable.
Los irreductibles no buscan,
los irreductibles son los que no abandonan,
son los que no cambian, los que no olvidan.

Su corazón les dice que son portadores de la verdad única,
ya les fue revelada, no la buscan.
Los irreductibles citan como locos 
citan a Marx, a Freud, a Rosa Luxemburgo
porque están solos, solos, solos,
discutiendo a cada rato,
llorando porque no salvan al mundo.

Les preocupa el pecado, la culpa, ese engaño del demonio
que son los dinosaurios.
Los irreductibles
reaccionan al día, no pueden hacer más, no saben.
Siempre se están condenando,
siempre, hacia alguna parte.
Esperan,
esperan ser reconocidos por su intachable moral
siempre esperan.

Saben que nadie los  escucha.
El paraíso es la prórroga perpetua,
siempre la condición histórica siguiente, el despertar del proletariado, el fin del patriarcado.
Los irreductibles son los insaciables,
los que siempre -¡que bueno!- han de estar solos.
Los irreductibles son la hidra del cuento.

Tienen serpientes en lugar de brazos.
Las venas del cuello se les hinchan
también como serpientes para asfixiarlos.
Los irreductibles no pueden dormir
porque si se duermen el pecado invadirá al mundo, las escuelas serán laicas y la gente dejará de temer al infierno.
En la oscuridad abren los ojos
y les cae en ellos el espanto.
Encuentran profecías bajo la sábana
y su cama flota como sobre un lago.

Los irreductibles son locos, sólo locos,
unos viven sin Dios y otros sin diablo.
Los irreductibles salen de sus reuniones
temblorosos, hambrientos,
a cazar ateos y apóstatas; a denunciar traidores y burgueses.
Se ríen de las gentes que lo saben todo,
de las que hablan de ciencia, de racionalidad, de lógica, de historia, de filosofía…
de las que creen en la tolerancia
como una lámpara de inagotable aceite.

Los irreductibles juegan a salvar el mundo,
a castigar al culpable a gobernar por siempre, a no irse.
Juegan el largo, el triste juego del integrismo.
Nadie ha de resignarse.
Dicen que nadie ha de resignarse.
Los irreductibles se avergüenzan de toda conformación.
Vacíos, pero vacíos de una a otra costilla,
la verdad única les fermenta detrás de los ojos,
y ellos caminan, repiten citas y discuten hasta la madrugada
en que trenes y gallos se despiden dolorosamente.

Les llega a veces un olor a tierra recién nacida,
a mujeres que duermen con la mano en El Capital,
complacidas,
a arroyos de agua tierna y a juicios sumarios.
Los irreductibles se ponen a cantar entre labios
una canción no aprendida,
y se van odiando, ignorando,
la hermosa vida.




Espero que el fantasma del gran Jaime Sabines, cuya obra me enseño a amar la poesía (junto con Xavier Villaurrutia) no me atormente por hacerle esto a su poema "Los Amorosos". 

viernes, 12 de octubre de 2012

Infografía: efectos del alcohol en la mujer

Además de los efectos que muestra la infografía, el alcohol puede provocar pérdidas de memoria, pérdidas de conciencia, pérdidas de pudor y embarazos no deseados.


miércoles, 14 de diciembre de 2011

En defensa de la Fe

La fe es confianza. Quien tiene fe en un amigo confía en su promesa; quien tiene fe en un enunciado racional confía en que la lógica o la experimentación demostrarán la veracidad del enunciado; quien tiene fe en un dios confía en que ese dios existe; quien tiene fe en una ideología confía en que esa ideología resolverá uno o todos los problemas del mundo; quien tiene fe en el Estado confía en que sin él se desataría el caos y la autodestrucción de la humanidad.

La fe otorga autoridad al destinatario de ella:
Un amigo que goza de fe posee una autoridad moral, probablemente construida a través de experiencias previas en las que ha mostrado que es confiable, valiente, honesto o todo junto.
Un enunciado científico que puede gozar de fe es aquél construido por un científico prestigiado (que posee su propia autoridad, ganada con esmero) o respaldado por una institución académica que vigila el cuidado, responsabilidad y objetividad con el que ese enunciado fue forjado.
Un dios que goza de fe es aquél del que razonablemente se puede demostrar, por lo menos, su no inexistencia; hay dioses a los que además se atribuyen mensajes, prodigios y señales, de manera que quienes creen en la veracidad de esas señales pueden reforzar su fe en ese dios.
Una ideología que goza de fe está apuntalada por un conjunto de enunciados racionales, que dan viabilidad, al menos teórica a sus postilados, promesas y predicciones.
Un Estado que goza de fe es aquél que provee de un mínimo de bienestar, seguridad o al menos tranquilidad a la mayoría de los habitantes que lo obedecen y respetan sus leyes.

El mayor peligro para la fe, en cualquiera de sus formas, no se encuentra en sus adversarios, sino en sus destinatarios: un amigo que abusa de la confianza en él depositada; un enunciado científico perderá credibilidad si se demuestra que fue elaborado mediante sofismas, muestras manipuladas o postulados erróneos... o si quien lo formula utiliza como forma de demostración un argumento falaz y, por lo tanto, abusa de la confianza depositada en él por la comunidad científica a la cual pertenece. La fe en una ideología puede ser dañada y hasta destruida si en su nombre se cometen abusos. Esos mismos abusos pueden resquebrajar la fe en un Estado y puede ser destruida por ineficiencia o corrupción de quienes lo administran. A su vez, la corrupción, el abuso o los actos malvados cometidos en nombre de dios pueden acabar con la fe en ese mismo dios, aún cuando esos actos no los haya ordenado o metido él, sino sus ministros. Así que la fe, en cualquiera de sus formas, puede ser destruida por el abuso de la autoridad que emana de ella.

Alrededor de la fe a veces hay dogmas, pero la autoridad del dogma emana de la autoridad de la fe, pues el dogma carece de autoridad propia; para decirlo de manera directa, los dogmas se alimentan de la fe, a expensas de la fe y es poco lo que le dan a cambio.  El dogma a veces busca probar la fe, pero muchas veces, también, la pone a prueba. Es dogma que un amigo no deja a otro emborracharse solo, pero poner a prueba ese dogma es poner a prueba la amistad. Es dogma que la ciencia tiene respuestas para todo, pero buscar esas respuestas y no encontrarlas, porque la ciencia es obra humana y no divina, pone a prueba la eficacia y hasta el sentido de la ciencia. Es dogma que todas las personas deben tener una ideología, pero quienes lo sostienen pretenden que esa ideología universal sea la suya propia y eso desacredita la universalidad misma de la ideología. Es dogma que los sacerdotes son intérpretes y ministros de los dioses, pero los dioses, como el sol y el viento que emanan de ellos, son para todos. Si creemos en el Dios único y universal, es dogma afirmar que su voluntad no está plasmada en sus obras (la naturaleza, los humanos, el reino espiritual) sino en las obras de sus ministros. Es dogma que el Estado y sus intereses están por encima de las personas y ello es síntoma de un Estado que ya ha sido roído por las ratas en sus entrañas; los estados decentes y honestos existen para la gente, para la humanidad, para la libertad.

Creer en los dogmas es una decisión personal: un amigo no puede obligar a otro a embriagarse contra su voluntad; un científico que convierte la ciencia en ideología termina por convertirse en sacerdote (hola Freud) o peor aún, termina deificado (hola Marx) y con ello se aniquila el saber o la parte de verdadero saber que hubo en su trabajo cuando fue honesto. Una fe que pierde a Dios en un laberinto de sofismas teológicos o complejas reglas religiosas pierde a Dios en ese laberinto de burocracia teísta.

Identificados los enemigos de la fe, descubriremos que la fe es algo bueno. La fe es esperanza en la amistad y por lo tanto en la humanidad. La fe es confianza en el saber honesto y por lo tanto en el progreso responsable. La fe es apoyo a un gobierno honesto, a un ideólogo razonable, a una religión responsable. La fe en Dios o en los dioses puede ser algo muy positivo, generoso y racional, cuando el destinatario de esa fe también lo es.

La fe que exige pruebas a las otras fes no es fe, es vanidad; la fe que exige obediencia no es fe, es ambición; la fe que demanda sacrificios es negocio. Si la fe necesita tribunales, policías secretas, gulags, o inquisiciones,esa fe ha sido asaltada, ocupada y gobernada por sus propios enemigos.

La fe es pura como la esperanza,  generosa como la caridad, serena como el pensamiento. Quien combate contra otra fe en nombre de la suya puede ser un fanático, pero quien con sus actos destruye su propia fe es malvado.


jueves, 8 de diciembre de 2011

A favor de la libertad

Todos estamos a favor de la libertad, pero casi nadie está a favor de una libertad igualitaria; me explico: todos estamos muy a favor de la propia libertad, pero un poco menos a favor de la libertad ajena y decididamente en contra de la libertad de lo que consideramos nocivo.

SospechaVeámoslo así: la Ciudad de México lleva unos doce años en obras; todos los días hay nuevas calles cerradas y nuevas desviaciones de la circulación. Cuando se cierra por obra alguna calle en la que se hacen arrancones, los vagos se reúnen a beber y drogarse o alguna pandilla utiliza como coto para asaltar transeúntes, es perfectamente lógico que los vecinos se alegren por el cierre y promesa de renovación. Cuando se cierra una calle por la que eventual o cotidianamente circulamos, podemos tener y expresar cierta molestia, pero deseamos que el cierre termine pronto y seguimos nuestro camino. Pero lo que nadie puede desear, y a veces sucede, es que le cierren la calle donde vive, con la molestia de tener que dejar el auto guardado o llevarlo a una pensión, además de tener que presentar identificación para que los trabajadores dejen a uno entrar a su propia casa.

CamisasEs claro que no a toda la libertad se le aprecia igual; en las ideas los temas sociales y la política aprobamos más las libertades que compartimos que las que no compartimos o rechazamos; por ejemplo, la libertad para abortar es defendida por grupos feministas, movimientos antisistema, malthusianos apocalípticos, académicos asustados por  la sobrepoblación y personas anticlericales; en tanto que la libertad para tener muchos hijos (digamos 5, 7 o 10) será defendida por personas tradicionalistas, religiosas y amantes de los niños, además de académicos y teólogos asustados por la despoblación mundial.

Los más radicales defensores del control de población llegan a hacer propuestas de esterilización masiva y eugenesia (sí, como los nazis en los años 30's), mientras que los más empecinados natalistas buscarán la cárcel y el destierro para los antinatalistas (como sucedió en los regímenes de Franco y Pinochet); pero las posiciones extremas sólo son minoritarias; en medio de los radicales hay una inmensa mayoría de personas que prefieren simplemente evitar a los contrarios, reunirse con personas afines a sus ideas y si acaso, tratar de convencer a los del bando opuesto.

CalmaLos radicales son minoría, pero son los que pueden acabar con la libertad si se les da el suficiente poder. Preocuparse por defender sólo las libertades propias es algo aparentemente inofensivo; pero la lucha contra la libertad siempre trae consigo el riesgo de volverse contra uno, de manera que cuando la idea de limitar las libertades para algún grupo entra en escena pública se convierte en parte de una competecia política cuyo ganador puede ser el contrario. Así pasó en España a principios del siglo XX, cuando tanto los republicanos como los conservadores radicalizaron sus posturas y persiguieron las ideas de sus oponentes, de manera que abrieron el camino para que cualquiera que venciera en la Guerra Civil no adoptara posturas conciliadoras sino radicales. Las heridas y agravios que se hicieron aún están presentes en la política española y para muchos el perdón no sólo se ve lejano, sino imposible; lo que es más difícil porque cada uno  bandos tiene cosas que perdonarle al otro.

ReconocimientoLa experiencia española nos deja claro cuáles son los riesgos de no apreciar por igual todas las libertades, las propias y las ajenas, y ese riesgo es que la primera libertad que se limite puede ser la propia. Vista así, la famosa frase atribuida a Voltaire "no estoy de acuerdo con lo que dices pero defenderé con mi vida tu derecho a decirlo" tiene un valor más allá de lo moral: defender las libertades ajenas es también una manera de defender las propias.

Sin embargo, ni las ideas propias, ni las ajenas son siempre ideas defendibles, inteligentes o racionales. Solemos pensar en lo relativo como opuesto de lo absoluto, pero tengo la impresión de que es lo racional lo que debemos oponer a lo racional, lo tolerante a lo intolerante y lo pacífico a lo violento. El motivo es que si pensamos en las ideas como absolutas o relativas, si son absolutas algunas deben ser absolutamente correctas y asumiremos que esas son las propias, mientras que las absolutamente equivocadas serán las contrarias; por otra parte, si las ideas son relativas, todas tendrán un sentido sólo para quien las sustenta y perderán toda importancia sus valores intrínsecos, como la racionalidad, la viabilidad, etc.

LibertadEn efecto, la libertad no es un valor absoluto, que deba defen`erse y preservarse a toda costa; en concreto, no se puede otorgar libertad a atentar contra la libertad, como tampoco se podría considerar libertario al libre tráfico de esclavos, a la libertad de discriminar a las mujeres; ni puede existir una libertad para ser totalitario, la libre explotación de los pobres, la libertad de coacción, la libertad para torturar a los enemigos políticos y menos aún, la libre persecución religiosa, la libertad de intolerancia o en general, la libertad para imponer por la violencia las ideas propias. Si semejantes ideas fueran igual de válidas que la tolerancia, el respeto, la solución pacífica de los conflictos o el diálogo!2C daría lo mismo que fuéramos gobernados con leyes o con balas, el secuestro de una mujer que su conquista o el robo y el asesinato que el trabajo.

Así que las libertades defendibles no son únicamente las propias, sino todas aquellas de las cuales cualquiera puede beneficiarse tanto como nosotros mismos, por ejemplo, la libertad de opinión o de circulación. En la misma línea, podemos considerar defendibles a los movimientos, ideas, agrupaciones políticas y cultos que reconocen las libertades de sus oponentes y rivales; mientras que es lícito sospechar de aquellos que tratan de imponer sus intereses, ideas y creencias mediante la violencia.

La libertad se defiende con libertad.

 Las ilustraciones de hoy son de Andrés Diplotti y su excelente blog: La Pulga Snob

martes, 11 de octubre de 2011

Premio Ig Nobel 2011


Los premios Ig Nobel se otorgan cada año, desde 1992, a investigaciones científicas cuyo propósito hace reír o parece carecer de sentido. En realidad no todas las investigaciones aparentemente absurdas lo son y al menos en una ocasión un galardonado con el Ig Nobel también ha sido ganador del Premio Nobel.

El origen humorístico de los Ig Nobel y el seguimiento mayor que obtienen año con año, los ha convertido en una interesante plataforma de divulgación, además, cada vez son más los galardonados que lo toman con alegría y suficiente entereza para asistir a la ceremonia. 

Los afortunados y amenos ganadores del Ig Nobel de 2011 son: 

·          Biología: Daryll Gwynne y David Rentz por descubrir que determinado tipo de escarabajos se aparean con ciertos tipos de botellas de cerveza australiana.

·          Química: Makoto Imai, Naoki Urushihata, Hideki Tanemura, Yukinobu Tajima, Hideaki Goto, Koichiro Mizoguchi y Junichi Murakami por determinar la densidad ideal del wasabi aerotransportado para despertar a los pasajeros dormidos en caso de incendio u otra emergencia y por aplicar este conocimiento en la invención de la alarma de wasabi.

·          Literatura: John Perry de la Universidad Stanford por su teoría de la procrastinación estructurada, que establece que: «para obtener logros elevados se debe trabajar siempre en algo importante, utilizándolo como medio para evitar hacer algo que sea incluso más importante».
·          Matemáticas: Dorothy Martin, de Estados Unidos (quien predijo que el mundo se acabaría en 1954), Pat Robertson, también estadounidense (quien predijo que acabaría en 1982), Elizabeth Clare Prophet, del mismo país, (quien estableció la misma predicción para 1990), Lee Jang Rim de Corea (prediciendo el fin del mundo en 1992), Credonia Mwerinde de Uganda (para 1999), y Harold Camping, estadounidense (quien dijo que el mundo se acabaría el 6 septiembre de 1994 y posteriormente lo postpuso 21 de octubre de 2011), por mostrar al mundo a tener cuidado cuando se efectúan cálculos matemáticos.

·          Medicina: Mirjam Tuk, Debra Trampe y Luk Warlop,  por demostrar que las personas toman mejores decisiones sobre algunas cosas – pero peores decisiones en otros tipos de asuntos – cuando se ven fuertemente urgidos por la necesidad de orinar.

·          Paz: Arturas Zuokas, alcalde de Vilnius, Lituania, por demostrar que el problema del aparcamiento ilegal de los coches de lujo se puede resolver arrollándolos con un tanque.

·          Psicología: Karl Halvor Teigen de la Universidad de Oslo, Noruega, por intentar comprender porqué, en su vida diaria, la gente suspira.

·          Física: Philippe Perrin, Cyril Perrot, Dominique Deviterne, Bruno Ragaru y Herman Kingma por intertar determinar porqué los lanzadores de disco se marean y porqué los de martillo no, en su publicación "Dizziness in discus throwers is related to motion sickness generated while spinning". (El mareo en los lanzadores de disco está relacionada con una enfermedad de la locomoción que se genera mientras dan vueltas".

·          Fisiología: Anna Wilkinson, Natalie Sebanz, Isabella Mandl y Ludwig Huber por su estudio "No evidence of contagious yawning in the red-footed tortoise Geochelone carbonaria". (No hay evidencias de bostezos contagiosos en Gelochelone carbonaria

·          Seguridad pública: John Senders de la University of Toronto, Canadá, por dirigir una serie de experimentos seguros en los que una persona conducía un automovil en una autovía principal mientras el parasol le golpeaba repetidamente en la cara, cegándolo.