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sábado, 16 de septiembre de 2017

México necesita traidores

México necesita traidores...
que amen más al país que a su partido,
más a su país que a su jefe,
más a su país que a su empleo.

México necesita traidores,
que denuncien a ese jefe que se queda con la mitad de su sueldo,
o con todo su sueldo y los manda a la calle a extorsionar comerciantes,
a espantar conductores, a levantar vendedoras de pan,
para ganar dinero.

México necesita traidores,
que sepan que tener un empleo no es un favor;
es un derecho que se gana con esfuerzo,
con aptitud y competencia.

México necesita traidores,
que no tengan miedo de perder el trabajo,
ni de ser acusados de problemáticos y traicioneros,
por negarse a contratar a esa empresa que cobra el doble
y tarda el triple de tiempo para entregar la obra,
los materiales y los bienes.

México necesita traidores,
que acepten la denuncia de ese traidor que puede demostrar
que su compañero vende plazas de trabajo o las renta,
que exige a los policías una parte del dinero que les obliga a extraer de las personas,
que recibe una comisión de ese grupo que vende droga,
que secuestra personas, que roba autos, que extorsiona negocios,
o los protege porque son de su familia.

México necesita traidores que reciban esas denuncias y las investiguen.
Que no las desechen o sobresean;
que las lleven  las últimas consecuencias,
a sabiendas que el costo será alto:
pues perderán el empleo, y nadie los volverá a contratar, por traidores,
o tal vez los hagan ver morir a toda su familia...

México necesita traidores,
que aprueben las leyes para combatir la corrupción,
para vigilar a los jueces y castigar a los culpables,
para defender a los inocentes,
para que los trabajadores sean protegidos,
para que los médicos cobren por sanar, los maestros por enseñar y los policías por vigilar.

México necesita traidores,
que aprueben reglas que no convienen a los partidos,
que ponen a los gobernantes bajo vigilancia,
que sometan a los bancos a las mismas leyes que a las demás empresas,
que no acepten dinero para su próxima campaña,
ni lo pidan, ni quieran hacer campaña...

México necesita traidores,
que piensen en las familias de todos además de la suya,
que prefieran ser útiles antes que importantes,
que tengan moral antes que vanidad.

México necesita traidores,
que no obedezcan a un jefe, ni a una jearquía, ni a un imperativo histórico,
ni al "pueblo", el devenir, la lucha de clases, la corrección política,
la presión social, ni la codicia.

México necesita traidores,
que traicionen a la infancia abstracta a la que se le enseña luchando,
sino en la infancia concreta, que no conseguirá un empleo si no sabe leer.
Que traicionen a ese pueblo abstracto y esa raza de bronce,
para favorecer a ese pueblo concreto,
al que le roban la cartera en el metro y la esperanza en la quincena.
Que traicionen a esas leyes sagradas, llenas de derechos inalcanzables,
para favorecer leyes concretas, que defiendan, que protejan, que vigilen.

México necesita traidores,
que traicionen a su propia familia,
para que su propia familia pueda vivir segura;
que traicionen a su partido, para que su partido sea expurgado;
que traicionen a sus colegas, para que sus colegas puedan vivir sin miedo.

México necesita traidores,
que deseen morir en el desprecio y la miseria.
Por denunciar, por detener, por no colaborar.
Traidores que crean que el mal es la ausencia de bien;
que los crímenes tienen víctimas aunque no podamos verlas,
que somos las víctimas de nuestras propias omisiones,
nuestras colaboraciones, nuestros secretos, nuestras complicidades;
nuestras extorsiones, nuestros silencios, nuestro miedo a morir, a perderlo todo;
todo por nada. Porque alguien más aceptará el encargo, alguien más dirá que sí;
alguien más guardará silencio. Alguien que sí quiera cobrar, alimentar a sus hijos,
y comprarles una casa.

México necesita traidores,
que se sacrifiquen por nada.
pero sin traidores:
los inocentes seguirán muriendo;
las cárceles se llenarán de "presuntos culpables",
las calles de sicarios, asesinos y depredadores,
las oficinas de farsantes y vanidosos,
el gasto público de agujeros;
las calles de desesperanza.

México necesita traidores, que pregunten:
¿Por qué en México la  gente gana en un día, lo que en cualquier otra país se gana en una hora?
¿Por qué las cosas cuestan lo mismo que en cualquier otro país aunque se gane menos?
¿Por qué un gobernante mexicano gana lo que un funcionario de otro país gana en una semana.

México necesita traidores,
que cuestionen, que duden, que investiguen, que observen.
Que reconozcan los éxitos  del gobierno, y denuncien sus fracasos.
México no necesita incondicionales, ni cómplices, ni gente de confianza.
Necesita personas convencidas de que el bien y el mal no son relativos;
ni dependen de la ambición, la conveniencia, la ideología y la moda.

México necesita traidores.
Muchos traidores,
para no morir.












miércoles, 11 de noviembre de 2015

La Matrix

El egoísmo es la Matrix... la Matrix eres TU.
¿Te atreves a buscar la libertad?

miércoles, 24 de julio de 2013

¿Qué es el éxito? (según los exitosos)


1. PASIÓN

Thomas Freeman. “Estoy impulsado por mi pasión” Las personas de éxito actúan por amor y no por dinero. Carol Colleta nos dijo, “Yo pagaría a alguien por hacer lo que yo hago”. Lo curioso es que, si lo haces por amor, el dinero viene de todas maneras.

2. TRABAJO

Rupert Murdoch. Todo es trabajo duro, nada viene fácilmente, pero me he divertido bastante consiguiéndolo. ¡Sí! DIVERSIÓN, Las personas exitosas trabajan en aquello que les divierte, y trabajan muy duro para divertirse al máximo. No son adictos al trabajo, son amantes de su trabajo.

3. SER BUENO EN LO QUE HACES

Alex Garden. Para ser exitoso debes dedicarte a algo, y ser muy bueno en ello. No hay ninguna magia para ser el mejor, solo es practicar, practicar y practicar.


4. ENFOQUE

Norman Jewison. La clave está en enfocarse en una sola cosa. Mantenerse enfocado hasta conseguir los resultados deseados.

5. EMPUJARTE

David Gallo. Debes empujarte física y mentalmente. Debes empujarte, empujarte y empujarte, para superar la timidez las dudas y los miedos. Goldie Hawn dijo: Siempre tuve dudas y miedos, no ere lo suficientemente buena, no era lo suficientemente inteligente, no pensé que lo lograría… Nunca es fácil empujarse a uno mismo, ¡por eso se inventaron las madres!.

6. SERVIR A LOS DEMÁS

Sherwin Nuland. Ha sido un privilegio servir como doctor. Ahora muchos niños me dicen que quieren ser millonarios como yo. Y lo primero que les digo es, ok! pero no podéis serviros a vosotros mismos. Tenéis que servir a otras personas ofreciéndoles algo de valor. Por que de esa manera las personas se hacen ricas.

7. IDEAS

Bill Gates. Yo tuve una idea, fundar la primera compañía de programas para microcomputadoras, y creo que fue una buena idea. No hay magia en la creatividad en cuanto a las ideas se refiere. Se trata de hacer las cosas simples.

8. PERSISTENCIA

Joe Kraus. La persistencia es la clave número uno del éxito. Tienes que persistir al fracaso y al CRIP (las Críticas, el Rechazo, los Idiotas, y la Presión).


lunes, 21 de enero de 2013

Algunas pequeñas cosas

Desde niños se nos enseña a despreciar las cosas pequeñas. Si vemos un insecto debemos pisarlo, si vemos un ratón hay que ponerle veneno.  Se nos enseña también a detestar lo sencillo y reprobar lo humilde. No te acerques al campesino porque está sucio, no juegues con sus hijos porque te pegarán los piojos. Aléjate del peón y su familia, quién sabe que mañas tengan. Al perro callejero arrójale una piedra porque tiene pulgas, roña, sarna y cosas peores. Gasta una fortuna en un perro de raza, aunque a los seis meses ya no quepa en tu casa y lo lleves al centro de adopción o lo abandones en la carretera.

Se desprecia el trabajo  y se anhela, como nunca antes, el dinero fácil.  No se trata de que los niños aspiren a ser mecánicos, carpinteros o alfareros; lo común es que piensen en ser policías o cazadores de vampiros antes que plomeros o enterradores. Ni hablemos del arte, porque se nos inculca que un artista es un tipete que canta con playback en algún programa dominical, de ahí que crecemos ignorando que  verdadero artista hace esculturas, novelas, arte decorativo, arquitectura o hotrods. El problema es que profesiones tan productivas y provechosas, pero complejas como médico, ingeniero o físico no prometen dinero fácil.

HummerPero con esta educación, los héroes de la juventud y de la nación no pueden ser aquéllos que hacen  algo bueno por el mundo. A nadie parece importarle que las aulas diseñadas por Pedro Ramírez Vázquez hayan servido para enseñar a leer y contar a niños de todo el mundo, que Mario Molina haya ganado un premio Nobel por sus estudios sobre el calentamiento global o que René Drucker sea mundialmente reconocido por sus estudios de las células cerebrales,  o que Juan Manuel Lozano Gallegos haya inventado el combustible de cohetes que utiliza la NASA.

Se enseña (y se nos enseñó) que un héroe no es que que descubre un nuevo remedio contra el cáncer  sino el que mete un gol, se liga a una modelo o pasea en un Ferrari.  Cuando el talento deportivo no alcanza o se carece de apostura física el crimen organizado es una opción para alcanzar todo lo que uno desea tener: la Hummer, la casa con alberca olímpica aunque uno no sepa nadar, la "novia" venezolana o tapatía  aunque viva secuestrada, el zoológico privado, el Rolex de oro y todo aquello que brille y sea de verdadero mal gusto.

El siguiente, e inevitable paso, es adoptar la doble moral y sentirnos orgullosísimos por  eso. Veneramos al tigre y al elefante, pero permitimos que se extingan los peces, las aves, los reptiles y todos los bichos que hacen posible su existencia. Defendemos al indígena y su milenaria cultura, pero no permitimos que se te acerque, porque está prieto, feo, tiene las manos rasposas y la ropa toda mugrosa. Regateamos al vendedor de la calle pero aceptamos sin queja los precios más altos de las multinacionales. Vemos cómo se premia al deportista, cómo la estrella del reality hace la colecta de caridad y cómo se gasta la mitad ( o más) del dinero para asistencia social en la burocracia encargada de repartir esos recursos y sus lujos.

Nos olvidamos así del valor de las pequeñas acciones: respetar la vida de una araña puede librarnos de una plaga de ciempiés, pero es más cómodo (¿en serio?) comprar un insecticida y cargar de aun vez con las abejas y las lombrices. Envenenamos a la rata, pero no dejamos de tirar porquerías pro las coladeras (¿quien más podría mantenerlas limpias, el municipio?). Veneramos la ostentación mientras nos escandaliza que los políticos gasten en remodelar sus oficinas. Despreciamos la movilizaciones de trabajadores y nos olvidamos que todos somos asalariados y su lucha tarde o temprano puede ser la nuestra. Estamos pendientes de los nacimientos, la infancia y desarrollo de los hijos de la realeza mientras desconocemos lo que sucede en el orfanato más cercano. Votamos por el partido que propone la pena de muerte cuando sería más efectivo apoyar al candidato que propone mejorar el alumbrado público. 

Mucha violencia nace de la admiración por la ostentación, Muchas injusticias podrían evitarse con sólo morar más hacia el enfrente y menos hacia arriba. Muchos problemas podrían empezar a ser resueltos con pequeñas acciones, antes de requerir grandes presupuestos. 


Para comenzar, podríamos empezar a valorarnos más por lo que somos y menos por lo que no tenemos. Podríamos aprender a ser más justos. Podríamos empezar a tener una sociedad menos violenta, calles más seguras. Una vida mejor. Como en los finales felices de las películas.



jueves, 13 de diciembre de 2012

Mapa estelar 1.0

Tan lejos de tu vida y de la mía que mis recuerdos son historias prestadas. Tan ausente de mí, de ti, de todo, ausente de la risa, del silencio que lleno con esquivos telegramas, pues quiero ser ausencia del recuerdo, de memoria, distancia y esperanza. Ausente como estoy, de mi destino, mi presente, mi cuerpo, quiero arrojarme al fondo de esta muerte que decreté hace tiempo, cuando mi corazón podrido, mi cartera vacía y mis pasos sin destino y sentirme tan humano, tan desnudo de todo lo que no es sentir, vivir, odiarte y amarte una vez mas para sentir la vida tan sólo por un rato, hasta que en ese abrazo triste y doloroso me dejes ir de nuevo hacia el encuentro de ese oscuro lugar del que he venido, para asombrarme tanto ante el destello vibrante e infinito del momento en que los dioses y esas palabras tuyas me regalaron todo el universo.  


martes, 29 de noviembre de 2011

Más allá de la Tolerancia

La tolerancia es un paso necesario pero insuficiente para la paz... sé que esto ya lo dije, pero es necesario repetirlo y resaltarlo, sobre todo porque la tolerancia no resuelve los conflictos que genera la diversidad, tan sólo los contiene y quizá los posterga.

Con todo, la tolerancia tiene la virtud de permitir la convivencia o por lo menos la coexistencia. Una sociedad sin diversidad no es una sociedad llena de tranquilidad, en la que los conflictos estén ausentes; por el contrario, una sociedad sin diversidad es un mundo de terror, en donde las minorías religiosas o culturales son perseguidas y violentadas, pero también en donde toda una población o por lo menos la mayoría de la población es perseguida, amenazada y agredida por una minoría que pretende establecer la hegemonía de sus ideas e intereses.

Por eso la tolerancia es un valor indispensable: en donde no hay tolerancia tampoco hay diversidad y en donde no hay diversidad su lugar es ocupado por los calabozos, los juicios sumarios, las ejecuciones masivas y la persecución por motivos étnicos, políticos, religiosos o culturales.

La tolerancia es el primer paso hacia una sociedad más justa, pero sólo es el primero. La tolerancia permitió que en EEUU los negros pudieran ingresar a la universidad, pero no levó a Obama a la Presidencia; la tolerancia permite que las mujeres trabajen, pero no les da igualdad de oportunidades profesionales; la tolerancia impide la persecución religiosa, pero no elimina el odio entre religiones.

Sin embargo, la búsqueda de la equidad, de la dignidad y de la justicia no es un camino que se pueda emprender siempre de la misma forma: tuvieron que pasar varias décadas de afroamericanos que se esforzaron por obtener buenas notas, gradarse, demostrar su competencia en el mundo profesional, incursionar en el derecho, la medicina, la alta empresa y la política antes de que uno de ellos pudiera ser votado para Presidente de los Estados Unidos  y por personas de todos los colores. Hace más de medio siglo que las mujeres de EEUU  y México tienen derecho al voto, pero en muchas empresas aún tienen cerrado el acceso a los puestos directivos y en muchos lugares aún se les paga menos que a los hombres por hacer el mismo trabajo.

El terreno religioso me interesa de manera especial, pues en mi propio hogar vivo los desafíos de la diversidad y las dificultades del diálogo religioso. Este es uno de los mayores desafíos del presente, pues mientras que otras formas de intolerancia se combaten de manera frontal, institucional y pública, en los temas religiosos lo que hay es un lento y sostenido crecimiento de las hostilidades del cual las instituciones no se interesan y no se habla en público. Aquí la tolerancia se muestra especialmente insuficiente, pues si bien logra impedir que la hostilidad se transforme en violencia, no sirve para establecer puentes de diálogo ni construye más tregua que la que ya construyen las  leyes.

El conflicto social permanece y los rencores apenas se disimulan: las religiones compiten unas con otras y no siempre por salvar más almas y sí por ganar los mejores números. Al veces ni siquiera compiten por mostrar el mejor ejemplo de rectitud moral, de congruencia ideológica o de acciones humanitarias; sino llana y simplemente  compiten por tener el proselitismo más efectivo. Pero la situación entre religiosos y no religiosos, o anti-religiosos tampoco es menor: mientras que hay religiosos que desearían llevar a los ateos a la hoguera, hay ateos que quisieran volver a las glorias soviéticas y llevar a las personas religiosas a morir a Siberia. De eso hablo en mi entrada sobre "Los nuevos cruzados".

¿Que hay en materia religiosa más allá de la tolerancia? Pues hay varias cosas: hay comprensión, hay respeto, hay diálogo.

Hay comprensión, o debe haberla, porque en los extremos del conflicto entre religiosos y no religiosos lo que se enfrenta son dos verdades que no son absolutas pero ellos absolutizan. Lo pondré, por ahora, de manera muy simple y lo desarrollaré mejor en una próxima publicación: las personas religiosas defienden una verdad revelada por Dios. No es poca cosa, pero en la medida de que son ellos quienes creen que esa verdad es revelada por Dios, esa verdad es absoluta sólo para ellos y no para las personas de otras religiones ni para los ateos. Este límite es la comprensión necesaria.

Para los ateos extremistas y los anticlericales, la revelación que defiende a veces es la ciencia, pero con mayor frecuencia la revelación que los guía  no es la ciencia, sino el convencimiento de que las religiones son falsas; una vez más la comprensión necesaria aquí es que esa verdad llevada al absoluto, que todas las religiones son falsas, es válida y verdadera sólo para ellos; no para los escépticos, no para las personas con una religión; no para los místicos, ni siquiera para todos los científicos.

Lo segundo es el respeto: imaginemos a Moisés a Abraham, a Buda o a Mahoma a mitad de la calle. Cada uno de ellos recibió una revelación genuina, absoluta, trascendental y personal. Cada uno de ellos recibió la encomienda de transmitir esa verdad. Imaginemos que todos están parados, predicando en la misma plaza y en esa plaza también tienen sus respectivos lugares Carl Sagan, Richard Dawkins y Stephen Hawking. También ellos representan verdades que si bien no fueron sobrenaturalmente reveladas, sí lo fueron por la razón, la experimentación.

Ahora bien, la razón y la experimentación nos muestran que en los libros sagrados hay datos incorrectos  por ejemplo, la edad de tierra; pero eso no significa que todos lo datos de los libros sagrados sean falsos: la arqueología unas veces encuentra pistas en ellos para hacer hallazgos y otras confirma son proponérselo, algunas leyendas e historias sagradas, sin que eso signifique que todas son ciertas.

La física y las matemáticas, por su parte, carecen de ética y nos guste o no, durante milenios la religión fue la única guía moral de la humanidad, si hubo preceptos religiosos que ahora nos parecen cuestionables, corresponden a épocas en las que todas las personas hacían cosas que en el presente nos parecen cuestionables, mientras que nosotros hacemos cosas que a ellos les habrían parecido abominables (¿como permitir que una mujer salga de su casa sin un varón que la acompañe?; ¿como dar los mismo derechos a un hijo nacido en una matrimonio que a uno nacido en el pecado?) y sin embargo, para nosotros lo abominable sería hacer lo contrario.

Así que el respeto es el siguiente paso: una vez que entendemos que la verdad absoluta y revelada sólo lo es para nosotros mismos a menos que logremos convencer al vecino de nuestra verdad, no se la podemos imponer si podemos suponer que nuestra verdad es superior a la suya o la suya inferior a la nuestras. En el respeto todas las verdades poseen la misma dignidad y derecho a coexistir siempre que no atenten contra la vida, la dignidad humana y la coexistencia pacífica entre distintas verdades. No se trata de relativizar o de creer que la verdad es algo relativo; sino de entender que una verdad sólo es absoluta para quien la defiende y que eso no hace que las otras sean relativas; es difícil entenderlo, pero ninguna lo es y entender eso es indispensable para establecer el respeto.

Esto nos lleva a los más difícil: el diálogo; pero una vez que entendemos que la verdad no se impone ni es intrínsecamente superior, hay posibilidades de dialogar. En México suele decirse que no hay que hablar de futbol, política no religión; el resultado es un país lleno de fanáticos que juegan mal, apoyan a pésimos equipos y se decepcionan cada cuatro años pro el desempeño de una selección que no tiene bases culturales, educativas o de diálogo para ser buena.

La política está anclada en algún lugar de la guerra fría y dominada por tres partidos que aun en su interior temen al diálogo y creen que la diversidad es una debilidad; pero aún, evitan discutir los grandes problemas nacionales, sólo se acusan unos a otros de haberlos generado pero nunca se sientan a buscar una solución.

En religión, vivimos en un país en el que se teme hablar de religión, hasta de la propia; en el que las personas religiosas evitan a las ateas, las ateas a las religiosas, los protesantes desprecian a los católicos, los católicos a los protestantes y todos se odian a todos y para no odiarse prefieren hablar del clima y del tráfico, pero el conflicto sigue sin resolverse. Y todo conflicto que no se resuelve crece.

¿Propongo algo? Sí, propongo comprender, respetar y diálogar y sobre cada uno de esos elementos seguiré escribiendo.




miércoles, 23 de noviembre de 2011

Una educación sin odio

La tolerancia es un paso necesario, pero insuficiente para vivir en paz. La paz es necesaria para crecer, para progresar, para prosperar. Una sociedad sin paz es una sociedad con un presente tormentoso y un futuro dudoso... no importa cómo haya sido su pasado, aunque la falta de paz presente generalmente proviene de heridas pasadas que no se curan porque no se perdonan. Es cierto que el perdón no revive a los muertos, pero el rencor menos; de hecho el rencor sólo genera más muertes, más dolor y nuevos rencores. ¿A qué viene todo esto?

México es un país lleno de rencores. Desde la primaria nos enseñan a odiar a los españoles "que vinieron a matar indígenas" y contagiarles viruela para "quitarles su oro". También nos enseñan a desconfiar de los extranjeros y en especial los norteamericanos porque ellos "nos arrebataron la mitad de nuestro territorio"; Ya en secundaria nos enseñan a odiar a los extranjeros en general bajo el argumento de que "quieren nuestro petróleo" y no es raro que en preparatoria se nos enseñe a odiar a las religiones porque son "el opio de los pueblos"; bueno, todos esos odios los enseñan en las escuelas públicas y cualquiera que haya asistido a una puede confirmarlo...

La verdad es que un puñado de españoles pudo vencer a los aztecas porque les ayudaron todos los enemigos que los aztecas se echaron encima y no por traidores, sino para liberarse de un reino déspota que cazaba humanos y tiranizaba a todos sus vecinos. La siguiente verdad es que los norteamericanos pudieron ganarle la guerra a México porque encontraron un país dividido, en el que los mexicanos estaban más dedicados a pelear y matarse entre ellos que en defenderse de los invasores. Ese territorio, rico en petróleo, oro y fértiles tierras de cultivo, está mejor en manos de quienes saben convertir los recurso en riqueza y no en ganancias y privilegios para partidos, sindicatos y mafias; por eso las tierras de la alta California siguen fértiles mientras en también fértil bajío se convierte en un desierto; por eso el oro de california se convirtió en leyenda, pero el de las minas mexicanas se convirtió en parrandas; por eso el petróleo texano aún se vende a México mientras el más abundante petróleo del Golfo se fue en burocracia, propaganda y gastos suntuarios. Y no faltará quien me acuse de traidor y neoliberal por escribir eso, lo cual sólo demostrará lo eficaz que es nuestro sistema educativo para enseñar teorías conspirativas en lugar de enseñar matemáticas o... a leer, pero ejemplo.

Pero la educación privada también difunde sus mitos y sus odios; por ejemplo, enseñan que lo mejor que trajeron los españoles fue la religión; no la numeración arábiga, el uso práctico de la rueda o la fundición del hierrro; no señores, la religión. También enseñan que Juárez desamortizó los bienes del clero porque era un masón y un malvado, no porque esos bienes fueran tierras y propiedades inactivas y por lo tanto improductivas. Enseñan, además, que toda ley que se opone a los intereses de los privilegiados o de la iglesia no obedece a razones de ingeniería social, cálculo económico o interés público, sino a simple y pura maldad mezclada con masonería. Enseñan también a hablar inglés, o al menos eso le prometes a los padres que pagan la cuota, pero de geografía, física, biología o historia no enseñan gran cosa. Cualquiera que vea los resultados de la prueba Enlace puede ver si miento o digo la verdad.

El problema es que en general tenemos un sistema educativo público y privado que pierde horas valiosas enseñando a odiar y no a crear, conocer o compartir. Pedir que enseñen a perdonar ya es demasiado.
Sin embargo, es necesario. Crecemos con la cabeza llena de teorías conspirativas y aún los buenos profesores, los que no pierden el tiempo con esas tonterías deben dedicar una parte de su tiempo a corregir, argumentar, explicar, documentar la realidad: que ni todos los masones son políticos ni todos los políticos son masones; que los judíos no se quieren apoderar del país; que a lso norteamericanos no les interesa adueñarse de un territorio que ya fue devastado y squeado por sus propios pobladores; que no hay una conspiración mundial para esterilizar al apoblación mexicana; que tampoco hay una conspiración comunista, ni gay... lo increíble es llegar a la Universidad y ver que ahí en cada semestre me tocaban uno o dos maestros que dedicaban sus horas clase a ignorar el plan de estudios y enseñar teorías conspiorativas, a remover heridas y apromover el odio.  Lo bueno es que en cada semestre hubo también uno o dos maestros dedicados a corregir eso y uno o dos que simplemente cumplian con e plan, enseñaban lo que debían enseñar y hacían de nosotros personas realmente preparadas para desarrollarnos profesionalmente.

Pero el daño está hecho. Los taxistas hablan de territorios en venta (o ya vendidos), los estudiantes aseguran que las universidades erán privatizadas y hasta conocía una abogada que aseguraba que ya había comenzado al aentrega del país a los extranjeros (los extranjeros son las personas que viven en extranjerolandia). Paranoias, conspiraciones y odios por todos lados.

De manera que, si queremos un país en el que la gente sepa tolerar un poco más, perdonar, y dialogar; en el que además, los niños salgan de la primaria con más horas dedicadas a la lectura, las multiplicaciones y la suma de fracciones; en lugar de estupideces sobre odiar a los españoles de hoy por lo que hicieron los de hace quinientos años, lo primero que hay que hacer es dejar de enseñarles a odiar.

¿Porque es tan importante eso?

Simple: sólo hay que salir a la calle y mirar como nadie se cede el paso; como los peatones ven a los automovilistas que no frenan para darles el paso aunque el semáforo este en verde y cómo hay automovilistas que ven a los peatones como unos jodidos aunque ellos mismos estén pagando el coche a cinco años. Hay que ver como en la fila del supermercado el que lleva nos odia al que no los lleva y viceversa. Cómo el que vive en el centro odia al que vive en las orillas, el obrero odia al profesionista y el profesionista al cura; el cura odia al maestro y el maestro al alumno, qiuen a su vez también odia al maestro. Hay odio de clase, odio racial, odio de género, de medio de transporte, de religión y hasta de temas tan intrascendentes como los equipos de futbol (¿la violencia deportiva les hace sentirse ingleses o argentinos?)

Con tanto odio es relativamente sencillo que nadie se solidarice con quien muere en plena calle de un infarto (lo he visto) ni con la anciana que va de pie en el transporte público. Tampoco es extraño que el trabajador crea que su patrón le explota sin preguntarse las deudas o presiones que su patrón debe soportar para evitar la quiebra, mienstras que el asuma, sin saber y sin reflexionar o averiguar, que sus trabajadores le roban. Un país con tanto odio resulta propicio para que el ladrón no sienta que le quita el pan a un trabajador, sino que hace un acto de justicia, el asesino sienta que no comete un crimen, sino un acto de supervivencia y el funcionario corrupto sienta que está cobrando lo que la institción o la patria misma le deben y no le pagaran de otra manera.

En resumen, un país en el que se siembra odio en lso niños es un  país que odio cosecha. Y lo seguirá cosechando mientras no cambie de película, o de telenovela, o mejor apague la televisión y deje de añorar el país de sus abuelos para comenzar a constrirlo él mismo, perdonando al que le arroja el auto, al peatón que se atravieza son mirar... pero sin perdonarse a sí mismo; simn perdonarse esperar alos hijos en segunda fila, sin perdonarse por imprimir la tarea d elso hijos en el trabajo y sin perdonarse por robar el agua o la luz eléctrrica.

Y tal vez, ya puestos a odiar menos, aprendamos a perdonar más los errores ajenos y aprender de los propios. a desconfiar menos y a ser nosotros mismos más confiables; con un poco de confianza se ahorrarían las toneladas de papel que cuesta hacer todo por triplicado, con firma autógrafa y certificado ante notario. ¿Cuanto cuesta hacer en doce trámites lo que podría hacerse en dos o en tres? ¿Cuanto ahoraríamos si los partidos dejaran de querer sentirse más listos? ¿Si los conductores pretendieran ser menos liststo que los otros?

¿Cuánto eleva el precio de todo el ser tan desconfiados, tan poco confiables? ¡cuanto cuesta odiar, si lo convertimos en tiempo, en horas, en dinero, en energía?

¿Cuanto nos costó hoy mismo, esta tarde el odio y la desconfianza? ¿Proponer el perdón y l ainteligencia es sólo una idea bonita o tendría consecuencias prácticas?