Hay varias rutinas olímpicas, y cada quién elige la suya:
Si uno es directivo de un medio de comunicación en México, reclutará un par de comunicadores "de moda", una par de comunicadoras "guapas" y un par de comediantes; los pondrá a todos en una avión con un equipo de camarógrafos e iluminadores y los enviará a reportar todo menos los Juegos Olímpicos, pues en una avión aparte enviará a un par de comentaristas deportivos, uno de ellos ex campeón olímpico y el otro narrador de futbol, para hacer la narración de todas las disciplinas.

Si uno es dueño de una fábrica de comida chatarra o bebidas cambiará varios costales de dinero por una licencia para poner en sus empaques un logotipo que diga algo como "refresco oficial de los Juegos Olímpicos" o "cereal oficial de los juegos Olímpicos", o "fritanga oficial de los juegos Olímpicos" y hará un comercial en el que unos deportistas consumen ese producto "oficial".
Si uno fabrica ropa deportiva pagará bastante dinero para colocar el logotipo de los juegos Olímpicos a sus productos y con suerte conseguirá el contrato para vestir a los atletas que representan al país. Aprovechará la oportunidad para hacerse notar con algún diseño chillón; nada de microtecnología en las telas, ni pruebas de resistencia; puro colorido.
Si uno es oficinista conseguirá un calendario de las disciplinas en las que participan atletas mexicanos, convocará a todo el departamento y convencerán al jefe para que les de esa hora libre para apoyar al atleta. Habrá cerveza y carnitas.
Si uno es alto funcionario de la Comisión Nacional del Deporte o el Comité Olímpico Mexicano aprovechará la oportunidad para hacer relaciones públicas y enviará boletos al presidente, los senadores y gobernadores para que asistan a los juegos; ayudará a calificar a hijos deportistas de personas clave; con los lugares que aún queden hará un reclutamiento en los centros deportivos de alto rendimiento y si aún hay espacio incluirá a deportistas ganadores de torneos regionales e internacionales rebeldes (que no están afiliados o becados por las instituciones oficiales).
Si uno es un mexicano normal verá la ceremonia de inauguración, la gimnasia rítmica, algo de atletismo, el fútbol, el voleybol femenil de playa, carreras y probablemente los clavados. Disciplinas que sin duda atraen al publico pero misteriosamente (salvo el futbol) carecen de apoyo, difusión y reconocimiento en México.
Si uno es México, enviará una delegación de cien atletas, cien entrenadores y doscientos burócratas e invitados, ganará seis medallas, se desgarrará la vestimenta por qué no ha superado a la Federación Rusa, China o EEUU, ordenará una investigación
para esclarecer porque es mucha la inversión y pocas las medallas y se prometerá a sí mismo que ahora sí se buscará talento, se dará apoyo a atletas, se practicarán más deportes en las escuelas aparte del futbol y se repartirán más becas deportivas para sacar más medallas en los siguientes juegos.