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jueves, 16 de marzo de 2017

El Femicidio ...y la impuidad

¿Qué es un femicidio? 

Un femicidio es la muerte de una mujer que previamente fue amenazada, agredida y hostigada, ante la indiferencia y/o complicidad de las autoridades que debieron protegerla. Cuando una mujer ha recibido violencia física por parte de su familia o pareja; cuando ha sido hostigada por una persona, o presionada de manera constante para hacer algo contra su voluntad, y esa mujer acudió a la policía, o un juzgado cívico para poner una denuncia, pero las autoridades no la protegieron, o no dieron seguimiento a su caso, y finalmente esa mujer murió como resultado de la violencia que acudió a denunciar, ahí se ha cometido un femicidio. 

El responsable directo del femicidio es el agresor. Pero la autoridad negligente también es penalmente responsable, según el artículo 325 del Código Penal de la República Mexicana
Sin embargo, en los medios se habla de cientos o miles de femicidios y se reclama a los gobiernos estatales por no activar la "alerta de género". No falta la comunicadora que habla del "miedo que le da salir a la calle"; del "clima de persecución contra las mujeres", de que "en México a las mujeres se les mata únicamente por ser mujeres". 

Vamos por partes: 

Es falso que haya un clima de vioencia contra la mujer. El clima de violencia es lo único equitativo y democrático en este país: afecta y hace daño a todos, sin distinción de género o clase social. 

En los últimos diez años (2006-2016) han hasta 70 mil personas han sido asesinadas y el gobierno reconoce que 7 de cada 10 fueron víctimas del crimen organizado. Aproximadamente  una de cada diez víctimas es mujer. 

No pretendo minimizar el dato: cada día seis o siete mujeres son asesinadas en este país. Hay países en donde un asesinato es noticia; aquí la noticia sería que haya menos de sesenta o setenta asesinatos diarios. 

Organizacones feministas como Data4, y los medios de comunicación toman cada asesinato de mujer como un femicidio. No les falta razón, cuando advierten que casi la mitad muertes violentas de mujeres ocurren en casa; sin embargo, no distinguen entre violencia de pareja y asaltos, secuestros o violaciones. Ahí hay un sesgo. 


Como resultado del sesgo, parece que todas las muertes violentas de mujeres son resultado de la misoginia. "se le mató por ser mujer"; "en México nos matan sólo por ser mujeres"; "nos queremos vivas"; "siento miedo de salir a la calle", se scucha en los medios. 

Hacen parecer que en México se está orquestando un genocidio contra las mujeres. Que grupos de encapuchados bailan en la noche alrededor de una hoguera y luego salen a cazar mujeres. Que hay hombres apostados en las azoteas, armados con rifles y miras telescópicas, listos a disparar a cualquier mujer que se atreva a salir de la cocina. 

Hay una buena intención en todo esto: se trata de crear conciencia de que la violencia de pareja es un problema social grave, que genera lesiones y hasta la muerte de cientos de mujeres. Correcto, pero por algo se dice que el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones. 

Lo que se está generando es un clima de histeria, en el que parece que los mexicanos somos unos salvajes que disparamos a una mujer en cuanto la vemos sola en la calle. Parece que las mujeres tienen que ir a la escuela o al trabajo escondidas, o acompañadas de un varon (su padre o su esposo, supongo) para no ser agredidas. Pero esta no es la consecuencia más grave...


La consecuencia más grave, es que al calificar toda muerte violenta de una mujer como "femicidio" crean las condiciones perfectas para que el crimen y el criminal queden impunes. Explico: 
Las autoridades tienen la obligación de esclarecer cualquier crimen. Cuarquier muerte violenta, sin distinguir si fue de hombre o mujer. Pero en el caso de que sea una mujer, y esta mujer haya solicitado la protección de las autoridades antes de morir de forma violenta, las autoridades se hacen responsables por no haberla protegido. Es lo que dice el  Artículo 325 del Código penal federal

Pero cuando se dice que hay una ola de femicidios y se presiona a los gobiernos estatales para activar "alertas de género", el asesinato individual se desdibuja: quien mata a una mujer ya no es una persona con nombre y apellido, sino "la sociedad", "la cultura machista", "el sistema patriarcal", "la sociedad falocentrista"... o sea, todos. Cuando todos somos culpables ninguno lo es. O el culpable el el gobierno que no activó la "Alerta de género". 

En esa lógica (la ola de femicidios) ya no es necesario investigar cada muerte de manera individual: asaltos con violencia, secuestros, atropellamientos, robo de auto, allanamientos, violaciones, porque todos se consideran femicidios. Todo femicidio se considera, según los medios, un "crimen de odio", y según los mismos medios es parte de una cacería humana destinada a exterminar masivamente a las mujeres, por emanciparse. No hay que investigar: "le dispararon a esa mujer porque la odiaban" (por ser mujer), no le dispararon porque la familia no pudo pagar el rescate por el secuestro, ni para robarle su bolso, o para quitarle su automóvil; fue por ser mujer.  

Atrapados en esta narrativa, ahora tampoco es necesario saber si la asesinada mujer fue víctima de amenazas u hostigamiento; si acudió a la autoridad y los policías o los funcionarios ministeriales la ignoraron o se burlaron de ella; si esos policías están en colusión con los ladrones, si protegen al secuestrador o sencillamente son ineptos. El Código Penal ordena investigar si en la muerte violenta de una mujer hay alguna responsabilidad o complicidad por parte de las autoridades, pero como todos son femicidios, las autoridades quedan libres de responsabilidad, porque la culpa es del patriarcado opresor

Feministas y autoridades unidos por la impunidad. 





Esto, es lo que dice el Código Penal federal sobre el femicidio:

Título Decimonoveno

Delitos contra la vida y la integridad corporal

Capítulo V. Feminicidio

(Reformado [N. de E. adicionado], D.O.F. 14 de junio de 2012)

Artículo 325. Comete el delito de feminicidio quien prive de la vida a una mujer por razones de género.
Se considera que existen razones de género cuando concurra alguna de las siguientes
circunstancias:

I. La víctima presente signos de violencia sexual de cualquier tipo;

II. A la víctima se le hayan infligido lesiones o mutilaciones infamantes o degradantes, previas o posteriores a la privación de la vida o actos de necrofilia;

III. Existan antecedentes o datos de cualquier tipo de violencia en el ámbito familiar, laboral o escolar, del sujeto activo en contra de la víctima;

IV. Haya existido entre el activo y la víctima una relación sentimental, afectiva o de confianza;

V. Existan datos que establezcan que hubo amenazas relacionadas con el hecho delictuoso, acoso o lesiones del sujeto activo en contra de la víctima;

VI. La víctima haya sido incomunicada, cualquiera que sea el tiempo previo a la privación de la vida;
El cuerpo de la víctima sea expuesto o exhibido en un lugar público.

A quien cometa el delito de feminicidio se le impondrán de cuarenta a sesenta años de prisión y de quinientos a mil días multa.

Además de las sanciones descritas en el presente artículo, el sujeto activo perderá todos los derechos con relación a la víctima, incluidos los de carácter sucesorio.

En caso de que no se acredite el feminicidio, se aplicarán las reglas del homicidio. 

Agravantes:

Al servidor público que retarde o entorpezca maliciosamente o por negligencia la procuración o administración de justicia se le impondrá pena de prisión de tres a ocho años y de quinientos a
mil quinientos días multa, además será destituido e inhabilitado de tres a diez años para desempeñar otro empleo, cargo o comisión públicos.



miércoles, 8 de abril de 2015

Diez malas razones para NO tener hijos

Así como hay buenas o malas razones para tener hijos, hay buenas o malas razones para no tenerlos. Las malas razones se reconocen por su tinte egoísta, interesado y hasta lucrativo, mientras que las buenas razones evitan las expectativas acerca de lo que el hijo hará por los padres, para asumir una posición realista en la cual se admite que la paternidad/maternidad implica un compromiso con esfuerzo y sacrificios a largo plazo, sin retribuciones a la vista.

Tener hijos no es una buena inversión. Si a pesar de ello aún se desean, se puede segur adelante y el resultado puede ser muy satisfactorio para todos.

Así como hay razones buenas o malas para tenerlos, puede haber buenas o malas razones para no tener hijos. Las malas tienen en común que no son resultado de un análisis racional, sino que son provocadas por lo que las personas odian, lo que duele, lo que lastima, los recuerdos tristes y, en general, una pesimista visión del mundo.

Trataré de resumir esos razonamientos, pero advierto que la lobreguez puede ser contagiosa:


1. Porque "El mundo es un lugar horrible"

Guerras, hambre, tráfico de gente, esclavitud, campañas políticas, basura televisiva, violencia, calles sucias, baches, llaves que gotean, frascos con la tapa demasiado apretada, zapatos que lastiman y ácaros que viven en los tapetes.

Es un mundo sombrío y peligroso al que no debemos traer más niños.

2. Por razones ocupacionales

Es más fácil estar ocupado en uno mismo que en alguien más. Este motivo es, a primera vista egoísta, pero también es realista, pues la mayoría de quienes conciben hijos de todas maneras siguen ocupados en sí mismos.

No es lo mismo una persona, o una pareja de personas ensimismadas en sus bienestar, compromisos sociales y episodios de la telenovela, que le dan a los hijos lo que sobra de atención y tiempo, mientras tratan de compensarlo con juguetes, televisión y permisividad excesiva, que personas ensimismadas en su bienestar que no hacen daño a nadie más.

3. Por motivos religiosos

En algunos países es obligatorio que la gente practique alguna religión. En otros hay libertad de culto a escala nacional, pero no a escala familiar. Si un apareja concibe niños, pronto aparecerán los parientes para recordar los mitos inculcados desde la infancia. Si no lo bautizas/mutilas genitalmente/etc. esa pequeña alma irá al infierno. Si no lo adoctrinas desde pequeño en el prejuicio/el odio al otro/el materialismo histórico/etc. no será "uno de nosotros".

Ante la perspectiva de vivir en un entorno ansioso por hacer de los jóvenes soldados de "su causa", muchos prefieren evitar tener hijos.

4. Por motivos económicos

El Estado Benefactor llegó a su fin. Esa bonanza que durante la segunda mitad del siglo XX garantizaba que una familia podría crecer con el sustento, la vivienda, la educación, la salud y hasta el esparcimiento garantizado ya sólo es un feliz recuerdo. No hay garantías de que las nuevas personas, recién nacidas o por nacer tendrán un empleo, un hospital o un parque con juegos para crecer sanos y felices.

La variante egoísta, llega con el cálculo de que pagar un año de colegiatura cuesta lo mismo que renovar anualmente el modelo de auto, la suscripción al club deportivo, el palco en el estadio, la suscripción al spa o todo lo anterior.

5. Por motivos psicológicos

Parece mentira pero existen: no traer varones a un mundo en el que crecerán como parte de un género opresor, violento y misógino; ni traer mujeres a un mundo en el que crecerán oprimidas, acosadas y abusadas sexualmente.

Muchos maniacos optan por no traer más gente a un mundo está lleno de psicópatas: asesinos seriales, violadores, cochistas, feminazis, derechosos, fachas, comunistas, terroristas, neolibarales, adictos al crack, policías y lo que sea que cada quien tema/odie/desprecie más.

6. Por motivos familiares

Muchos crecimos rodeados de parientes, tíos y tías, primos y primas, abuelos y abuelas, padres y madres que no paran de decir cosas como "cuando crezcas y te cases", "cuando tengas hijos" ¿Por qué todavia no tienes novio (a)?", "y tu para cuando" "ya cambiarás de opinión", "toda la gente se tiene que casar", etc. A cualquiera se le quitan las ganas de tener hijos propios.

Esos niños y niñas que en las reuniones familiares gritan, corren, empujan y rompen, mientras los padres y madres sólo beben, platican chismes y evitan hacerse cargo, tampoco ayudan a que uno quiera tener hijos propios.

arte7. por motivos genéticos

Hay gente que tiene terror de que un hijo les salga con seis dedos, o con tres piernas, o con algún síndrome (Down, Tourette, Meniere, Guillain-Barré, Cushin, Marfan, Asperger, Turner, etc)... o que se parezca a la familia del abuelo, que herede el alcoholismo de la tía o la homosexualidad del primo...

Hay también gente que mira al gordo calvo y borracho con el que se casó y pierde las ganas de concebir. La genética es una lotería.


8. Por motivos históricos

Este es un tema serio. Hay quien creció con una historia secreta que le dolía, creciendo junto a ella y acompañándola a todas partes. El tío o la tía que los manoseaba; el maestro o entrenador que los desvestía para mirarlos; el padre que les gritaba; la madre que los golpeaba; los hermanos mayores que los maltrataban; los padres que no paraban de pelear, discutir y meter a los hijos como argumentos o instrumentos de la pelea; el vecino que robaba, los compañeros que se burlaban...

Muchos crecen en un mundo que aman, lleno de gente que odian y prefieren que no haya otros niños que deban pasar por lo mismo.


9. Por motivos prácticos

Está demostrado que los hijos no salvan el matrimonio, antes lo ponen a prueba. Ponen a prueba la paciencia, los nervios, el temple, la inteligencia, la capacidad... así que prefieren mantener la paz en el hogar, el silencio en la casa... o simplemente admiten que no tienen idea de cómo educar, controlar y guiar de manera razonable pro el mundo a una o más nuevas personas.

Las personas pueden odiar a los niños o por lo menos reconocer que no les gustan. O pueden amarlos y desear tener algunos, pero sentirse incapaces de hacer un buen trabajo y, ante la perspectiva de hacer un pésimo trabajo (posiblemente ellos mismos se consideren el pésimo resultado de unos padres indolentes o incapaces) y prefieren dedicarse a lo que sí saben hacer.

10. Por motivos demográficos

Para muchos el mundo está sobrepoblado. El Metro va siempre lleno, la fila del Starbucks cada día es más larga, el tiempo de espera en el banco es insoportable y no pasa un elevador vacío, los taxis van ocupados, la oficina es demasiado ruidosa y francamente ya tienen demasiados parientes. La familia Godínez, Pérez, Rodríguez, Hernández o López necesita terapia grupal, no integrante más.

No paran de recordar a esos 57 compañeros de clase que sobrepasaban a la maestra, esos seis hermanos que peleaban por un lugar en el asiente trasero, en la mesa y en el día de campo, esos 44 nietos que competían por la atención de los abuelos, esos 18 vecinos que competían por salir con las hermanas del departamento 40-B; esos 18 empleados que esperan delante de uno para el asenso laboral; esos 458 mil que pelean por el mismo asiento en la Universidad;  esas 233 personas que están delante en la lista de espera para el crédito del auto... hay demasiada competencia para los incompetentes.

Como decía, las malas razones para no tener hijos, se reconocen por ser pensamientos que destinan amargura, pero al menos evitan el egoísmo de quienes traen niños al mundo por algo tan absurdo como conseguir un geriatra gratuito, realizarse como mujer o demostrar lo machote que uno es.

Personalmente, prefiero las buenas razones para tenerlos o para no tenerlos, pero de eso me ocuparé otro día.


Las pesadillas ilustraciones son de Edwad Gorey, Joshua, Mark Ryden, Ray Caesar, Amano Katan, Baltasar Balthus, Tari Nakagawa y Anton Semenov

miércoles, 3 de octubre de 2012

Anatomía del Odio (fragmento)

El Autor es Vaclav Havel y el texto completo se puede leer en este enlace:

La atracción del odio colectivo -infinitamente más peligroso que el odio individual- se alimenta de varias ventajas evidentes:

1) El odio colectivo libera a los hombres de la soledad, del abandono, del sentimiento de debilidad, de la impotencia y del desprecio, y así, evidentemente, les ayuda a hacer frente a su complejo de fracaso y de ser menospreciados. Al integrarlos a una comunidad, se crea entre ellos una hermandad basada en un principio aglutinador simple -ya que la participación en ella no exige nada-, las condiciones de la admisión se cumplen fácilmente, nadie debe temer suspender el examen de entrada. Entonces, ¿qué puede ser más sencillo que compartir el objeto común de rechazo y adoptar la «Ideología de la Injusticia» conjunta que nos impone el rechazo de ese objeto? Por ejemplo, afirmar que los alemanes, los árabes, los negros, los vietnamitas, los húngaros, los checos, los gitanos o los judíos son culpables de toda la infelicidad del mundo -y especialmente de la desesperación de todas las almas injustamente tratadas- es tan fácil y comprensible. Y siempre podemos encontrar un número suficiente de vietnamitas, húngaros, checos, gitanos o judíos para ilustrar, a través de sus actos, la idea de que precisamente ellos tienen la culpa de todo.

2) La comunidad de los que odian favorece otro aspecto de esta sensación básica de falta de espacio que, a mi juicio, se oculta en todos los que son capaces de odiar: les permite reafirmarse mutuamente, hasta el infinito, sobre su valor, tanto rivalizando en las manifestaciones de odio hacia el grupo elegido como culpable de su menosprecio, como mediante el culto a símbolos y ritos que confirman el valor de la comunidad de los que odian. Compartir el traje, el uniforme, el escudo, la bandera o la canción preferida hermana a los participantes, refuerza su identidad soberana, multiplica, afianza e incrementa su propio valor.

3) Mientras que la agresividad individual implica sólo un riesgo, puesto que despierta el fantasma de la propia responsabilidad, la comunidad de los que odian «legaliza» en cierta forma la agresividad: su manifestación común crea la ilusión de su legitimidad o, al menos, la sensación de una «cobertura colectiva». Escondido en el grupo, la manada o la masa, todo hombre violento en potencia suele ser, por naturaleza, más atrevido; unos estimulan a otros y todos -debido precisamente a su mayor número- se convencen mutuamente de su legalidad.

4) Y, por último, el principio del odio tribal facilita sustancialmente la vida de todos los que odian, incapaces de reflexiones independientes, puesto que les ofrece algo simple y reconocible a primera vista como objeto de su odio en tanto que culpable de su propia sensación de injusticia. El proceso de materialización de la injusticia general del mundo en el que la representa y al que es necesario odiar se simplifica enormemente ofreciendo «un culpable» fácilmente identificable por el color de su piel, la lengua en que habla, la religión que profesa o el lugar del globo terrestre donde habita.

El odio colectivo tiene, además, otra ventaja intencionada: la discreción con la que surge. Existe toda una serie de estados, aparentemente inocentes para la mayoría, de los que nacen los casi imperceptibles grados anteriores al odio potencial, convirtiéndose en un campo vasto y fértil en el que las semillas del odio echan raíces y brotan con facilidad.