La celebración del día más largo y la noche más corta estaba llena de magia: así como en la fiesta de la cosecha las barreras entre el mundo de los vivos y el de los espíritus, en la noche de San Juan la promesa de una temporada cálida y benévola se festeja por igual entre humanos y seres mágicos. Esta noche la Magia es liberada, sin represión, temor o recelo; las hadas celebran, los duendes cantan y las hogueras se encienden. En la actualidad las sociedades astronómicas pueden conocer con exactitud el día y la hora del solsticio; pero en la antigüedad esta era una fecha fija que marcaba el comienzo del verano, época de frutos, prosperidad y fecundidad que se prolongaba hasta la celebración de la cosecha, en el otoño.
Muchas leyendas anteriores al cristianismo sobrevivieron y otras se fusionaron con éste, a propósito del solsticio. Se decía, por ejemplo, que si esta noche llovía los árboles darían muchas manzanas. Se decía también que quien hiciera ciertos ritos, como mirar un espejo a media noche, o tocar la guitarra en una encrucijada podría ver al Diablo. Se decía, también que en ver florecer a las flores de San Juan (la higuera y el helecho) daría bendiciones y se decía, además, que quien recogiera esta noche la hierba de San Juan tendría protección contra el mal durante el año siguiente.
encender antorchas es sólo un rito entre muchos posibles: orar a San Juan, lavarse el pelo con agua de manantial, regar los árboles, enterrar un haba, plantar una hortensia, desollar un gato... el mundo mágico y el humano se unen esta noche, como se funden también el cristianismo y el paganismo.
